El duro relato de uno de los petroleros que sobrevivió al violento choque y vuelco en Ruta 51
Sebastián sufrió la fractura de una vértebra, graves lesiones en todo el cuerpo y la cabeza. Reclaman que el conductor que chocó e intentó huir no quede impune.
A pesar de las lagunas de inconsciencia que sufrió tras el violento choque provocado por un borracho al volante, Sebastián, de 41 años, conserva imágenes de una jornada en la que estuvo al borde de perder la vida junto a sus compañeros petroleros. Después de seis días en terapia intensiva, dio testimonio del siniestro que espera que no quede impune.
En un violento choque ocurrido en la mañana del jueves pasado, cuatro trabajadores petroleros que se dirigían al trabajo resultaron heridos y debieron ser trasladados de urgencia al hospital de San Patricio del Chañar. Uno de ellos, quien salió despedido de la camioneta, permaneció en terapia intensiva durante seis días hasta que este martes hizo un duro relato.
“En el momento del impacto perdí el conocimiento. Lo recupero apenas unos segundos cuando salí despedido de la camioneta, y vuelvo a perderlo inmediatamente”, relató Sebastián. Sus recuerdos aparecen fragmentados y con dolor: despertó internado en el hospital de El Chañar, donde presenció una desagradable escena mientras recibía atención médica.
"En otra cama estaba el hombre que nos chocó, prepotente; le decía a los policías que no se iba a hacer el test de alcoholemia, que lo dejen ir". La escena se apagó nuevamente y luego abrió los ojos en el CMIC de Neuquén capital. “Tengo imágenes sueltas, después todo es oscuridad”, describió.
Del trayecto al trabajo a un violento choque
El accidente ocurrió alrededor de las 7 de la mañana, a la altura del kilómetro 18 de la Ruta 51, cuando el grupo de cuatro trabajadores petroleros de la empresa PLP viajaba en una camioneta Ford Ranger hacia el yacimiento Lindero Atravesado, en la zona del lago Mari Menuco. Habían partido desde la base de la empresa, en Parque Industrial.
Sebastián recuerda que iban por su carril, respetando las velocidades establecidas por la empresa. “No excedemos la velocidad, tenemos radares, es imposible. Íbamos respetando los 95 kilómetros por hora, que es lo que permite la política de la empresa, por más que la máxima sea 100”, explicó.
Sebastián también memorizó con claridad el impacto desde atrás. La camioneta perdió el control y comenzó a dar tumbos. En medio del vuelco, una de las puertas se abrió y él salió despedido, o eso presumen, porque la puerta trasera está destruida y él es el único con secuelas tan graves. “No sé cuántas vueltas habremos dado; despierto sentado en la tierra, giro la cabeza y veo la camioneta destrozada. No veo a mis compañeros y vuelvo a perder el conocimiento”, reconstruyó.
En tanto, un automovilista que circulaba describió a este medio que cuando vio la camioneta destruida tras el choque y vuelco, frenó de inmediato y corrió a asistir a los heridos. El momento más angustiante fue cuando notaron que el trabajador que había "volado" de la camioneta, empeoró: "No podía respirar con normalidad, nos asustamos mucho, no sabíamos qué iba a pasar”.
Dolor por las posibles secuelas del choque
Las consecuencias físicas para Sebastián fueron severas. Sufre fuertes dolores de cabeza y en la zona lumbar, inflamación que le dificulta caminar, sentarse y hasta permanecer acostado. “Tengo la cuarta vértebra rota, eso lo detectaron recién en un estudio que me hicieron hace tres días”, detalló. Además, presenta adormecimiento y hormigueo persistente en una de sus piernas, lo cual todavía no saben por qué causa es.
A las lesiones en la columna se suman otras de gravedad: contusión en los pulmones y una lesión cerebral. “Hay pérdida de sangre en el hemisferio derecho superior. Tenemos que hacer estudios para evaluar el daño cerebral. No sabemos todavía cómo va a seguir esto”, explicó Yuli, su pareja. Su evolución es día a día y, aunque ya superó la etapa más crítica, el pronóstico sigue siendo reservado.
El mismo día del accidente, los otros tres compañeros fueron dados de alta. Según indicó a LM Neuquén Ricardo, un compañero de la empresa, la conductora no presentó lesiones de gravedad. El acompañante sufrió un fuerte golpe en el codo y en la nariz. Otro de los trabajadores, que viajaba en la parte trasera, tuvo un corte leve en la oreja.
El pedido de justicia
Mientras Sebastián luchaba por estabilizarse, el conductor que provocó el accidente intentó darse a la fuga sin patente trasera. Fue detenido tres kilómetros más adelante por un patrullero después de ser perseguido por automovilistas que detectaron la maniobra, pero se negó reiteradamente a realizar el test de alcoholemia. En tanto, a pesar de que la incertidumbre sobre la identidad reinó entre los trabajadores petroleros, luego consiguieron identificar a todos los ocupantes de la camioneta Sw4 negra, corroborando además, que el conductor vive en un barrio privado en Mari Menuco.
“No tuvo la decencia ni la humanidad de comunicarse con nosotros. Cero contacto. Se negó todo el tiempo a hacerse los exámenes y decía ‘llamó a mi abogado’, con una prepotencia total”, denunció la pareja de Sebastián, que al ser notificada del grave accidente llegó por la tarde y encontró un panorama que le resultó aterrador.
Según recordó el sobreviviente, incluso mientras él permanecía internado en El Chañar, el conductor se encontraba en su casa. “Se fue como si nada, sin hacerse cargo de nada”, lamentó. Para los trabajadores petroleros, la sensación de impunidad profundizó la bronca y la impotencia.
En cambio, desde la empresa para la que trabajan aseguraron que el acompañamiento fue constante. “El dueño de la empresa estuvo en comunicación permanente con mi familia y hoy mismo iba a venir a verme personalmente”, contó. Uno de los heridos es su cuñado, con quien ingresó a la empresa en noviembre pasado, aunque ambos cuentan con experiencia previa en el sector.
El impacto del accidente también desarmó la vida familiar constituida en Zapala. Sebastián ni Yuli tienen familia en Neuquén y sus hijos quedaron al cuidado de abuelos y suegros en distintas localidades. “Estamos desparramados. Es muy duro, no hay una línea de contención cercana con los chicos”, expresó. Su pareja debió suspender actividades laborales y reorganizar todo para acompañarlo.
En medio de la angustia, destacó gestos solidarios que lo sostuvieron en los días más difíciles. “Pablo y Mica, personas que apenas conocía, me dieron un techo para descansar. Yo caminaba todo el día y a la noche iba a su casa. Recién ahora me entero de que la ART podía brindarme hospedaje”, contó con agradecimiento.
A pesar del dolor físico y emocional, Sebastián mantiene una esperanza firme: que el hecho no quede impune. “Íbamos a trabajar como todos los días y esto pasó por personas que no valoran la vida. Esto no puede quedar así, tiene que traer consecuencias”, reclamó. Mientras continúa su recuperación, su testimonio se suma al pedido de justicia de todo un sector golpeado por la imprudencia al volante.
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