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La Mañana Senillosa

Fracasó el programa para rehabilitar violadores y abusadores

Arrancó en 2015 y era la única experiencia en Latinoamérica. Son 152 los internos de la cárcel de Senillosa que participaban. Analizan cerrarlo.

En el Complejo Penitenciario Federal V de Senillosa se llevaba adelante la mayor experiencia latinoamericana para intentar rehabilitar y reinsertar en la sociedad a personas que cometieron delitos contra la integridad sexual. Hoy, se sabe que el Programa de Ofensores Sexuales (POS) no cuenta con profesionales, los presos no avanzan y el Servicio Penitenciario Federal (SPF) analiza pedir el cierre.

Los internos presentaron un habeas corpus para retomar el programa porque es la única forma en que pueden acceder a los beneficios de progresividad de la ley 24660. Pero desde la implementación del POS, “hasta el 2022, nadie ha culminado el programa”, reconoció una fuente federal a LMNeuquén.

Esta pareciera ser la respuesta a la pregunta de si los agresores sexuales son recuperables. Por lo que sigue prevaleciendo la opinión de los perfiladores criminales que aseguran que son muy pocos los ofensores recuperables.

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Bombos y platillos

El programa arrancó en agosto 2015, pero recién en diciembre de 2016 se produjo el desembarco de funcionarios de Nación al módulo del penal de Senillosa donde había 125 condenados de todo el país por delitos contra la integridad sexual. Hoy, hay 152.

Por ese entonces, todavía la cárcel de Senillosa era de la provincia y le alquilaba el módulo al Sistema Penitenciario Federal por 330 mil pesos mensuales. Después vendría el famoso canje por los céntricos terrenos de la U9 que derivaron en la actual crisis carcelaria provincial.

Pero volvamos a diciembre de 2016 cuando todo era optimismo. Todos los internos habían aceptado en forma voluntaria sumarse al programa y ser trasladados hasta Senillosa, donde ya no tenían que estar recluidos en sus celdas, con la cabeza gacha y en riesgo permanente como les ocurría en su penal de origen.

En Senillosa, todos eran iguales o algo por el estilo, porque la estratificación tumbera para este tipo de delitos también existe.

El pedófilo es el más raso en la pirámide, seguido por el violador, mientras que los depredadores sexuales, es decir los seriales, son los que tienen mayor “prestigio” dentro de la cárcel.

En ese entonces, los profesionales comprometidos con el programa aseveraban que el programa daría resultado. “Si hay una luz de esperanza, seguro la vamos a encontrar porque, si no creyéramos que esto es posible, ninguno trabajaría en el POS”, sentenció Facundo Cerrudo, jefe del anexo Senillosa en 2016.

El Programa de Ofensores Sexuales contaba de tres fases clave que tenía que sortear el interno.

La primera era de diagnóstico individual, seguido por un abordaje sobre la problemática delictual del interno para su integración grupal.

En la segunda etapa se realizaba un análisis de las conductas transgresoras y las consecuencias causadas en las víctimas, a la vez que se realizaba un abordaje de la historia personal, cogniciones y conductas.

En la etapa final, estaba previsto que se trabajara sobre la prevención de recaídas, factores de riesgo y resiliencia.

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Abordaje interdisciplinario

Para acompañar al interno a superar cada una de estas fases del POS, había una decena de jóvenes profesionales, entre psiquiatras, psicólogos, asistentes sociales, docentes y un profesor de educación física.

Todos trabajaban en conjunto con las áreas de tratamiento del Servicio Penitenciario Federal tales como criminología, seguridad y trabajo.

En esa presentación pública del POS, todos estaban trabajando con cierto entusiasmo porque era la primera experiencia que permitiría, a futuro, tener un parámetro más certero sobre la rehabilitación de los delincuentes sexuales.

Para que el programa traccionara, se dependía de la voluntad del condenado. De hecho, en la primera fase del tratamiento se buscaba que reconociera el delito más allá de la formalidad legal, cosa que cuesta bastante.

“Por lo general, dicen que se trató de una cama que les hicieron o abiertamente lo niegan. La idea es que ellos terminen reconociendo en la primera fase del programa el hecho cometido para poder progresar en el tratamiento. De hecho, aquellos que lo hacen sienten un efecto liberador internamente”, confió un psicólogo que trabajaba en ese entonces en el POS.

Uno de los primeros datos clave que arrojó el POS, casi el único, es que el 70 por ciento de los ofensores sexuales repite historias de abuso.

Este medio intentó desde la presentación del POS hacer un seguimiento sobre sus avances, pero el hermetismo federal no lo permitió, solo se supo que lentamente los profesionales se fueron bajando del programa.

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Lo que la pandemia se llevó

Previo a la pandemia, el POS se sostuvo, pero con el COVID-19 devastando a la especie humana, quedó prácticamente paralizado.

A fines de 2021, la defensoría y fiscalía federal observaron que no se venía cumpliendo, había un solo profesional y tampoco se respetaba el extremo de duración que era de tres años.

Se intimó la SPF para que incorporara más profesionales. Ellos estimaban que con cinco psicólogos iban a andar bien. Fue así que ingresaron nuevos profesionales durante el año pasado y también hubo renuncias, quedando el POS cuasi desarticulado en la actualidad.

No obstante, el programa tampoco arrojó resultados interesantes como para que haya un esfuerzo por seguir sosteniéndolo. Una fuente oficial bajo reserva reconoció que en la actualidad “el SPF está buscando fusionar distintos programas y dar por cerrado el POS porque les resulta casi imposible seguir sosteniéndolo”.

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