El cuadro clínico extremo que padeció de Jaco Nel, un psiquiatra de 50 años que vive en Inglaterra, se manifestó dos semanas después de jugar con su perro. Mientras se entretenía con Harvey, su mascota, Nel notó que tenía un pequeño corte en la mano pero no le dio mayor importancia, sostuvo el diario Mirror. Pero con el paso de los días la salud del hombre desmejoró rápidamente, por lo cual debió ser atendido de urgencia. Ya en el hospital, el diagnóstico fue lapidario: había adquirido una bacteria que se alojaba en la saliva del perro y que había ingresado a su cuerpo por la herida de la mano. Dicha bacteria generó una infección fatal conocida como sepsis, situación que derivó en una especie de gangrena que afectó sus extremidades.

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“Fue mi propio perro”, dijo Jaco. “Habíamos estado jugando un poco brusco y él se lastimó la pata. Era muy pequeño. Lo limpié y me olvidé de eso. Nunca se había infectado localmente ni nada de eso”, explicó.

Cuando los paramédicos le brindaron los primeros cuidados, sospecharon del cuadro que padecía y le suministraron antibióticos, pero la infección fue tan agresiva que le provocó fallas en la sangre, que formó pequeños coágulos que se le dispersaron por el cuerpo. Unos obstruyeron la irrigación a las extremidades inferiores y provocaron una gangrena que afectó sus piernas. Otros atacaron sus manos y perdió los dedos. Su rostro corrió una suerte similar cuando la gangrena llegó a la nariz.

Luego de las amputaciones y de las cirugías de reconstrucción facial, Nel intenta recuperar su vida, aunque reconoce que lo que más le cuesta es la aceptación del aspecto de su rostro. Sin embargo, no pierde las esperanzas y afirma: “Ver lo mucho que mis amigos y familiares me cuidaron fue positivo. Me he dado cuenta de que tengo mucha fuerza interior debido a lo que he pasado”.

Milagro: Si una persona entra en shock séptico, sólo tiene un 20% de chances de sobrevivir.

Cocinó al perrito de su vecino

Un granjero surcoreano mató al perro de su vecino porque no soportaba sus ladridos e invitó a su dueño a comérselo, sin que este sospechara lo que había ocurrido con su mascota. El acusado de 62 años confesó el delito después de que otro vecino avisara a la familia propietaria del perro. El hombre aseguró que estaba tan cansado de los constantes ladridos del perro, un corgi galés de dos años, que le tiró una piedra y lo dejó inconsciente. “Asegura que, solamente después de que el perro perdiera el conocimiento, lo estranguló y lo cocinó”, explicó un policía de la ciudad meridional de Pyeongtaek. El hombre invitó luego a sus vecinos a compartir la comida con él, incluido el padre de la familia propietaria del perro. La carne de perro fue durante mucho tiempo un ingrediente habitual en la cocina surcoreana. Pero el consumo se fue reduciendo a medida que los habitantes del país asiático se acostumbraron a considerar a esos animales como mascotas, y hoy es un tabú para los jóvenes.

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