La escalada del precio del petróleo en sintonía con los ataques rusos a Ucrania desestabilizó los pronósticos de la economía mundial. En ese contexto, en Neuquén las expectativas se dispararon como las tensiones desde el fondo de los yacimientos hasta los despachos de los ministros de la Casa Rosada.
Para que las petroleras pudiesen facturar el precio internacional en dólares por el crudo que entregan a las refinerías, los combustibles se irían al doble de lo que están en los surtidores de las estaciones. Y eso que ayer la cotización del Brent se desplomó más del 10% respecto de la jornada anterior para establecerse en torno a los 112 dólares en los mercados de futuro.
El crudo venía de rozar los 140 dólares por barril, cerca de la marca histórica de valor. El año pasado había terminado rozando los 80 dólares por barril.
Ernesto Díaz, vicepresidente para América Latina de Rystad Energy, consideró que las consecuencias del traslado del precio internacional al comercio interno "dependen del lugar en que se ubique en la cadena de valor: desde dónde se mira el precio va a impactar de distintas maneras, si es desde la visión del Gobierno, de YPF o desde la mirada de los privados".
En números, el precio del barril nacional es de unos 57 dólares. Las operadoras reclaman incrementos en línea con los registrados en el mercado global. El Gobierno presiona para frenar la intención de las petroleras. Entre sus armas tiene a la administración de YPF. La petrolera controlada por el Estado es la principal productora de crudo, a la vez que también lidera en el segmento de la refinación, con una participación mayor al 50% del mercado nacional. Eso le da margen para fijar precios.
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