¿Por qué Abril es el mes del Malbec y qué hay que saber al respecto?

Desde Buenos Aires a Bogotá, de Nueva York a Helsinki y Hong Kong, el mundo celebra una variedad de uva que enamora a todos por igual.

Por Joaquín Hidalgo - Especial

Como ya es noticia vieja, el 17 de abril se celebra el día mundial del Malbec y, durante todo el mes que arranca mañana, desde Buenos Aires a Bogotá, de Nueva York a Helsinki y Hong Kong, el mundo celebra una variedad de uva que enamora a todos por igual. ¿La pregunta es por qué?

Se celebra el 17 de abril porque en 1853 Domingo Faustino Sarmiento mandó a fundar la Quinta Agronómica, con cuyo primer director, Miguel Amado Pouget, llegaron las primeras vides europeas al país, entre las que estaba el Malbec. Y si esa es historia vieja, conviene repasar algunos elementos del Malbec contemporáneo para entender su plena vigencia.

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Los números. Sólo para que tengamos claro de qué hablamos cuando se habla del éxito del Malbec hay que poner en contexto dos valores: es el vino más consumido en la Argentina (74 millones de litros en 2018) y el más exportado y por nuestro país (124,5 millones de litros en el mismo año). También es la variedad tinta más plantada (42.229 hectáreas, período idem), de las que el 85% están en Mendoza: de estas, Luján de Cuyo contabiliza el 24%, mientras que todo el Valle de Uco cubre el 40%. ¿Números fríos? Ni tanto: observados en detalle la exportación explica los estilos que hoy se producen de forma dominante, mientras que los orígenes de las uvas los sabores que pesan en la góndola.

Los vinos. Así divididos por regiones, algunos datos gustativos resultan evidentes. El primero de ellos es que las zonas más frescas y de altura –como el Valle de Uco– y con viñedos relativamente nuevos, están copando la parada. De ahí que la mayoría de la góndola hoy ofrezca Malbec jugoso y de taninos firmes, como constatamos con el Informe Malbec publicado por Vinómanos y del que este cronista es coautor. Luego, que entre Luján de Cuyo y las zonas del este de Mendoza se concentra el resto de las uvas, por lo que buena parte de la góndola también es golosa, con taninos musculosos y paladar amplio. Restan puchos en San Juan, la Patagonia y el NOA, donde se producen vinos que según los orígenes aprietan el paladar (hacia el sur) o lo ensanchan (hacia el Norte).

El terroir y los terroirs. Una de las cosas interesantes que ofrece el Malbec hoy –y que está en pleno estudio por un equipo de técnicos liderados por el agrónomo Martín Kaiser y auspiciado por Bodegas de Argentina y la Universidad Nacional de Cuyo– es la plasticidad que ofrece para dar cuenta de diversos sabores según el origen de la uva. En criollo: reflejar cambios de sabor según los cambios de suelo y clima. De forma que en la medida en que se estudia el comportamiento de la vid en condiciones diversas, también se empieza a conocer los sabores que ofrece. Y eso repercute directamente en la diversidad de sabores que hoy propone el Malbec. Cuando el trabajo de Kaiser (et all, como se dice en los paper científicos) termine habrá un mapa del sabor bien delimitado según las regiones. Lo que hoy es intuición de catadores, tendrá correlato científico.

Malbec de aquí. En Francia el Malbec es conocido por uno de sus clones –y sus familias– llamado Côt. El nuestro, en cambio, se trata de una selección masal, es decir, una conjunto de individuos que forman una familia muy parecida entre sí, pero que a la larga ofrece diversidad genética. De ahí que en Argentina haya diferentes tipos de Malbec: se puede apuntar las selecciones masales de González Videla –teóricamente la heredera directa de la que trajo Pouget–; la que realizara Bodega Catena en los 90’s y que hoy da origen a las plantaciones de Neuquén; y las que realizara el INTA, tanto en Río Negro como en Luján de Cuyo, que también tienen buena cobertura. ¿Son las únicas? Ni remotamente. Cada vez que alguien corta una estaca y la planta sin reparar el linaje de esas variedades hace selecciones masales que complejizan la ecuación. Y en suma, producen sabores especiales adaptados a cada terroir.

El productor enamorado. La clave para que el Malbec sea lo que es está en que los productores de uva se enamoraron de la uva y sus vinos. En pocas palabras: mientras que otras variedades cayeron en el olvido, el Malbec fue sostenido por los productores debido a su color y perfume, cierta facilidad de cultivo y a que resultaba regular año a año. Podría haber desaparecido del mapa –como desapareció de Burdeos, Francia, por ejemplo– pero acá los viñateros la cultivaron con primor y orgullo durante el siglo XIX y XX. El mismo orgullo que hoy es ponderado en todo el mundo.

El origen del nombre

Hasta donde se sabe, el nombre de Malbec deriva de un productor de Burdeos llamado Malbeck de apellido. Las estacas que llegaron de Francia de la mano de Miguel Amado Pouget, se cree, provenían de los viñedos de aquel señor, por lo que tomó su nombre. En algún punto entre la década de 1980 y 1990 perdió la “k” final. Sin embargo, bebiendo vinos viejos aún se puede encontrar Malbeck.

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