El corte de uva utilizado, las características geográficas del lugar, el modo de elaboración y los componentes de cada vino. En cada una de las etiquetas, las bodegas brindan a través de la indicación geográfica un sello de calidad. Esta distinción persigue un doble objetivo: por un lado, que la persona que elige determinada botella sepa de manera fehaciente los pormenores de su bebida; y por otro, que el trabajo de las empresas dedicadas a la vitivinicultura sea valorado y respetado.
Muy propagado en el Viejo Mundo, el sistema de indicación geográfica ha ido incorporándose en otras partes del mundo, donde las legislaciones locales debieron ser modificadas para adaptarse a los estándares internacionales. Pese a lo antiguo del sistema y al arraigo de normativa vigente, algunas empresas internacionales buscan sacar rédito a costa del prestigio y el trabajo ajenos.
Días atrás, las autoridades de la Cámara de Bodegas Exportadoras de la Patagonia denunciaron las intenciones de la bodega Viña Concha y Toro S.A. (Chile) y a la firma Patagonia Inc (y su subsidiaria estadounidense Patagonia Provisions) de hacer uso de la marca Patagonia para comercializar vinos en distintos mercados.
"Por más de 50 años, los productores vitivinícolas de la región patagónica han desarrollado un producto característico, que ha ganado prestigio y mercado, tanto en el país como en el exterior, a través de sus ininterrumpidas exportaciones. Asimismo, Patagonia ha sido reconocida oficialmente como Indicación Geográfica desde 2002, confiriéndole a los productores de la región un derecho a su uso exclusivo", explica el presidente de la cámara, Rubén Patritti, a través de un comunicado a fines de febrero.
Tras asegurar que ya han iniciado tratativas con los Ministerios de Relaciones Exteriores y Culto y Agricultura, Ganadería y Pesca para intentar destrabar el conflicto, y que eventualmente no descartan recurrir a la Justicia con el apoyo de Bodegas de Argentina y la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), Patritti sentó en el texto las razones de peso del reclamo de los productores de la zona.
“Siendo Patagonia una indicación geográfica reconocida por la legislación de Argentina, y que solo el vino originado en la Patagonia debería ser considerado como tal, ningún privado, sea argentino o extranjero, puede legítimamente apropiarse de un concepto que solo corresponde a los productos de la región y es parte del patrimonio cultural y geográfico de nuestro país y de cuyo uso podrían beneficiarse terceros recogiendo los frutos comerciales del prestigio alcanzado por los productos de la región”, sostuvo.
A comienzos de febrero, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) que preside Martín Hinojosa ya había tomado cartas en el asunto. A través de la Resolución 1/2022, ratificó la protección del Artículo 4º de la Ley 25.163, que establece que la indicación geográfica Patagonia no se puede utilizar como marca comercial para ningún producto alimenticio, en particular para los vinos.
Todo esto tuvo lugar mientras la Cámara de Bodegas Exportadoras de la Patagonia ya había advertido que distintas empresas estadounidenses, chilenas, chinas y españolas perseguían el fin de registrar vinos con la misma denominación en sus propios países. Por fortuna, los antecedentes de nuestra legislación sientan un precedente para, al menos, dificultar que esto ocurra en el corto plazo.
Antecedentes y marco legal de las indicaciones geográficas en la Argentina
Al momento del dictado de la ley 22.362 (Ley de Marcas, enero de 1981) en nuestro país no existía una regulación interna específica acerca de la denominaciones de origen ni de identificación de procedencia, pero al haber ratificado el Convenio de París, que sí las incluye dentro de los objetos de protección, el tema estaba contemplado en el plano de la ley 22.802 (Ley de Competencia desleal, mayo de 1983). Ese fue el puntapié inicial que allanaría el camino para su reconocimiento en nuestro ordenamiento jurídico.
La ya mencionada ley 25.163 fue sancionada en septiembre de 1999 y promulgada en octubre de ese año. Esta norma estableció los lineamientos para la presentación de los vinos y bebidas espirituosas de origen vínico de la Argentina. Asimismo fijó las pautas para la indicación de procedencia (IP), indicación geográfica (IG) y la denominación de origen controlada (DOC), a la vez que suscribió al Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio (ADPIC) promulgado por la Organización Mundial del Comercio (OMC) cinco años antes, en 1994.
Diez años más tarde, el decreto 57/2004, que reglamentó la ley 25.163, dispuso taxativamente cómo se debe proceder en los casos que una marca comercial coincida con una indicación de procedencia, geográfica o denominación de origen. “Cuando la IP, IG, o DO que se intenta registrar sea idéntica o similar a la de una marca registrada con anterioridad (a la entrada en vigencia de la ley), para distinguir producto de naturaleza u origen vitivinícola, la Autoridad de aplicación (el INV) solo podrá admitir su registro siempre que exista autorización expresa del titular de la marca”, se puede leer en el texto publicado oportunamente en el Boletín Oficial.
Las indicaciones geográficas más recientes de nuestro país
En todo el territorio argentino ya existe un centenar de orígenes aprobados. Un caso paradigmático es Paraje Altamira, que recibió su aprobación en 2016 y que fue el puntapié inicial para el surgimiento de otras.
Diversas son las regiones a lo largo y ancho de nuestro país en las que los productores vitivinícolas se esmeran para lograr un producto de calidad y, a su vez, que refleje las condiciones propias de cada lugar. Es por eso que la indicación geográfica juega un papel preponderante a la hora de posicionar los vinos en el mercado nacional, regional e internacional.
Entre las más recientes, cinco indicaciones geográficas han sido reconocidas. Ellas son Trevelin (Patagonia, 2020), IG San Pablo (Valle de Uco, 2019), Pampa El Cepillo (Valle de Uco, 2019), Los Chacayes (Valle de Uco, 2017) y Quebrada de Humahuaca (Jujuy, 2015).
Valiéndose de las indicaciones geográficas, los productores de vino buscan generar un producto diferencial. Y por sobre todo para que cada terroir -concepto que combina la naturaleza, el terruña y las condiciones únicas de cada vino- reciba el reconocimiento que se merece y la delimitación sea lo más específica posible.
Te puede interesar...









