¿Por qué Vaca Muerta se lleva la atención nacional por dos días?

Las inversiones en marcha, las comprometidas y las oportunidades para pymes y la generación de trabajo no tienen comparación con ningún otro lugar del país.

El Precoloquio de IDEA que se realizará este miércoles tiene fundamentos en el futuro posible. Pero también en los números actuales y los del pasado reciente.

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Entre estos últimos, están las inversiones que ya se generaron. De acuerdo a los datos oficiales del ministerio de Energía de la Provincia, hay unos 25 mil millones de dólares que ingresaron a la cuenca neuquina desde 2013.

La progresión comienza en 2011: ese año se invirtieron u$s1572 millones. La inversión que llegó a la provincia se siguió dando de este modo: 2012 (2198), 2014 (4834), 2015 (5109), 2016 (3266) y 2017 (3468).

En 2018 se registra un salto en la cantidad de recursos, cuando la inversión pasó a 4530. Según los últimos datos oficiales, a fines de 2019 las petroleras invertirán 5343 millones de dólares.

Tercer polo productivo a nivel mundial en recursos shale

Vaca Muerta es parte de un cambio de paradigma tecnológico en la industria petrolera. Es el mismo que llevó a Estados Unidos a ser uno de los nuevos jugadores de peso a nivel mundial. La llamada “revolución shale”, en formaciones geológicas como Permian, le permitieron posicionarse como un país productor, y dejar de depender en mayor medida de los recursos que importa.

Ocurre también en Canadá, el segundo polo productivo del shale a nivel mundial.

Vaca Muerta constituye el tercer polo de desarrollo en marcha en modo factoría en todo el mundo. El petróleo y el gas de esquisto, como también se denomina a los no convencionales, se encuentran en buena parte del mundo, solo que son técnicamente recuperables, hoy, solo en algunos puntos del planeta.

Al margen del nivel de inversiones que requieren, implican desafíos logísticos adicionales. Hay ventajas comparativas que Vaca Muerta tiene respecto a otros lugares, al margen de la calidad de los recursos que se obtienen.

Esta situación implica que buena parte de los grandes jugadores globales de la industria hayan posado sus ojos sobre la formación neuquina: ExxonMobil, Chevron, Petronas, Total, son algunas de las grandes empresas que desarrollan sus áreas en la cuenca neuquina.

En la actualidad hay 8 desarrollos masivos en la formación shale: se trata de las áreas que ya están en plena producción, luego de los planes piloto, una instancia de testeo para verificar la viabilidad en un yacimiento de la producción a gran escala.

Se trata de las áreas: Loma Campana (YPF-Chevron), Fortín de Piedra (Tecpetrol), El Orejano (YPF), La Amarga Chica (YPF-Petronas), Sierras Blancas, Cruz de Lorena, Coirón Amargo Sur Oeste (las tres en manos de Shell) y desde ayer Bajo del Choique-La Invernada (ExxonMobil).

El gobierno provincial anunció a principios de 2019 que espera terminar el año con 10 áreas en desarrollo masivo. Es decir, dos más que las actuales. También espera totalizar 40 concesiones en áreas no convencionales, hoy son 34 las que están en etapa piloto.

La producción

La llegada de inversiones y la puesta en marcha de los modos factoría en las concesiones desencadenó la necesidad de más servicios en toda la cadena de valor.

En la actualidad, hay unas 850 pymes radicadas en Neuquén que trabajan dentro de la industria. Se trata de empresas que ofrecen desde servicios de catering, pasando por el transporte, hasta tares específicas dentro de los yacimientos como la construcción de ductos e instalaciones de superficie.

Es decir, Vaca Muerta es un enorme motor, por actualidad y en términos de futuro, para un enorme entramado de empresas de diversos sectores industriales que buscan posicionarse en la cuenca neuquina.

Es parte del debate que también se dará durante estos dos días en el Precoloquio de idea: cómo pueden hacer para integrarse esas pequeñas empresas, que tienen parte de la clave del futuro de la generación de empleo en Neuquén.

En materia de producción de hidrocarburos, Neuquén protagoniza con su shale la posibilidad de que el país no solo pueda llegar al autoabastecimiento, sino que también exporte a una escala en la que nunca lo hizo.

Hoy se producen unos 70 millones de metros cúbicos diarios en Neuquén. Pero con una “suerte de freno de mano” puesto. Hay que explorar nuevos mercados para poder explotar a pleno a la que se considera como la segunda reserva mundial de shale gas. Se necesita, también, nueva infraestructura de transporte para llegar a puntos desconectados de la red a nivel nacional. Pero también para garantizar, en el mediano plazo, una salida por mar: hay una gran coincidencia en los analistas y empresarios del sector acerca de que el Gas Natural Licuado encierra parte de las claves del futuro para Vaca Muerta. Para eso se necesitan miles de millones de dólares en la construcción de una o más plantas de licuefacción de gas natural para luego transportarlo al mundo por barco.

Las petroleras mantienen acercamientos y exploran posibles formas de asociación para encarar la construcción de este tipo de plantas. La actual coyuntura política y económica es un factor que pone en cuestión esta chance, que tiene como contracara la descomunal cantidad de gas para ser explotado.

Una pequeña gran muestras de lo que puede ser la protagonizó YPF la semana pasada, con la primera exportación de GNL desde Bahía Blanca, luego de contratar una barcaza que licuó por primera vez gas natural de Vaca Muerta.

El petróleo (shale oil) es puro presente. En Neuquén se producen unos 135 mil barriles diarios de crudo, y se espera que a fines de año la cifra llegue hasta los 170 mil barriles diarios.

Es una cifra que, si se mantienen los actuales precios del mercado para el Brent, tiende a crecer en el corto plazo, con perspectivas de sumar miles de barriles más, tan solo con las áreas que están en pleno desarrollo.

Hay infraestructura para el transporte de ese crudo. Y parte del debate que podría darse desde IDEA es la necesidad de establecer un nuevo marco regulatorio que garantice la posibilidad de exportar. Esto pondría al país ante un cambio de paradigma, también desde lo normativo: pasar de un contexto en el que se priorice solo el abastecimiento interno a otro en el que se puede exportar el crudo de más que se producirá en los próximos años desde la cuenca neuquina.

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