Postales de Arroyito
La esperada Semana Santa fue un calvario para miles de turistas que ayer se toparon con varios piquetes en las rutas hacia los principales destinos cordilleranos, especialmente en la Ruta 22, en cercanías del escenario donde, por otra protesta de trabajadores estatales, hace 14 años, murió el docente Carlos Fuentealba durante una represión policial.
Entre los operadores turísticos del sur provincial reinaba la desazón por las consecuencias que provocó la medida de fuerza, justo durante el inicio del último feriado extralargo antes de unas inciertas vacaciones invernales a la luz del aumento de casos de coronavirus.
Esa desazón bien podría traducirse en impotencia, ya que si hubo una medida de altísimo impacto perjudicial para el sector que fue claramente anunciada es la de los trabajadores de salud autoconvocados a quienes el Gobierno desconoce de plano. Como sucede cada vez que hay un conflicto salarial, la dinámica es la misma: esperar hasta que se encienda la mecha y luego actuar en un juego de tira y afloja donde, casi siempre, el costo suele ser demasiado alto.
La dificultad adicional que aparece con la protesta de los trabajadores de salud autoconvocados es la crisis de representatividad en el gremio ATE, ya que ese sector los desconoce, así como los métodos de negociación con el Gobierno que, dicen, distan de ser beneficiosos en este particular momento sanitario.
El clima de conflictividad va en aumento al tiempo que la pobreza sigue batiendo récords, pero en un escenario delicado por la pandemia, que exige esfuerzos extraordinarios como nunca antes.
El todos contra todos de ayer en Arroyito es una postal que debería preocupar.
TAGS
- Columna de Opinión


