Prepararse para rendir un examen cuesta $1500

Alumnos del secundario van a clases particulares para pasar de año.

Pablo Montanaro

montanarop@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Joaquín preparó un calendario con las seis materias de segundo año que deberá rendir a fines de febrero para pasar de curso y los días de estudio que le dedicará a cada una de las asignaturas. Desde mitad de enero Joaquín, que asiste a un colegio privado, invierte gran parte de su tiempo en estudiar y asistir a clases particulares para preparar Matemática, Contabilidad, Inglés, Biología, Físico-Química e Historia de segundo año. Así como este adolescente, cientos de estudiantes asisten por estos días a profesores particulares, quienes cobran un promedio de entre 1500 y 1800 pesos por materia.

Andrea, quien hace seis años se dedica a ayudar a alumnos secundarios, destaca que los estudiantes que cursan de primero a tercer año son los que más recurren a su ayuda para rendir exámenes. Para preparar el programa completo de una materia durante todos los días por dos horas, Andrea les cobra $1600 y en caso que tenga que rendir más de una materia “les cobro $1200 cada asignatura”.

Algunos estudiantes llegan hasta la casa de Sergio, profesor de Matemática, en el Alto de la ciudad para despejar dudas en algunos temas puntuales del programa, en ese caso les cobra $200 la hora. “Vienen por problemas específicos de matemática o les fue mal en diciembre y quisieran reforzar algunos conceptos”. Comentó que la mayoría de los alumnos que necesitan ayuda tienen que rendir matemática de tercer año. “Tienen problemas de aprendizaje y de ordenamiento a la hora de ponerse a estudiar”, sostuvo.

Desde enero, 105 chicos asisten de lunes a sábado, al Centro de Estudios Xerebro, ubicado en San Martín al 600, donde una veintena de profesores los prepara para rendir. “En diciembre vienen muchos estudiantes pero en enero y febrero se triplica la demanda”, comenta su dueña, Claudia Estefano. Agrega que la mayoría de los alumnos que asisten tienen que rendir entre 3 y 7 materias.

“Por cada asignatura pagan $1500 y vienen tres veces a la semana. Se los prepara en todo el programa y asisten hasta un día antes del examen”, explica.

Tamara Stowhas actualmente está preparando en su casa del barrio Confluencia a 15 estudiantes que tienen que rendir Matemática y Físico-Química. Hace 18 años que es profesora de Matemática, además de psicóloga. Por cada materia cobra $1800. “Hay profesores particulares que cobran más de $2000 pesos por materia”, acota.

Tamara señala que hay tres clases de chicos que recurren al apoyo de un profesor particular. “Están los que ya les va mal en el colegio y vienen en noviembre para prepararse para diciembre. Hay otros que comienzan en enero y están los que creen que estudiando unos días antes de la fecha de examen les va a ir bien”.

Matemática, Contabilidad, Inglés, Física y Lengua son las materias con más demanda de clases particulares.

Más atentos a las redes que a estudiar

Además de profesora de Matemática, Tamara Stowhas es psicóloga, por lo tanto su visión es más amplia acerca de la compleja relación de los estudiantes con el estudio. Puntualiza que la tecnología es el factor principal a la hora de analizar el desinterés de los alumnos en el estudio. “Creo que la tecnología los tiene atontados. Hay chicos que no descansan bien porque están a la madrugada revisando las redes sociales y eso afecta el estudio. Llegan al colegio cansados y sin descansar bien y lo necesario. No hay un límite por parte de los padres en el uso de la tecnología de sus hijos”, explicó.

En el Centro de Estudio Xerebro, el uso del celular durante el apoyo escolar está prohibido. “El celular es un problema grave para estos chicos que tienen que concentrarse bien para prepararse bien para los exámenes”, describió su directora, Claudia Estefano, y agregó: “Hay muchos chicos que no tienen la preocupación de venir a estudiar. Parece ser que los padres están más interesados en que los chicos pasen de año”.

Ponen en juego sus saberes e identifican sus debilidades.

Noemí Bardelli y Guillermo Irrazábal. Autores del libro Secundario: 40 días para ayudarte a ser estudiante

La evaluación es uno de los temas más complejos en el campo educativo. Históricamente, las mesas de examen que se desarrollan en las escuelas secundarias durante febrero se encuentran cargadas de ansiedad y tensión ya que definen, en la mayoría de los casos, la promoción de los estudiantes.

Los alumnos hacen esfuerzos por “demostrar” en unas pocas horas el proceso de aprendizaje que se espera que construyan a lo largo del año cumpliendo con los contenidos mínimos que plantean los programas. La mirada por obtener una buena calificación también implica a las familias, que si pueden acompañan la preparación de los exámenes pautando tiempos de estudio durante el verano y llevando a sus hijos a clases particulares, en caso de tener la posibilidad económica de hacerlo.

Todo se juega en un día y no es cuestión de suerte. La evaluación, lejos de ser un castigo, es una responsabilidad pedagógica que demanda a los docentes, más allá de las discusiones técnicas de enfoques e instrumentos, reflexionar en el marco de una escuela inclusiva acerca de las barreras de aprendizaje que se presentaron no sólo a lo largo del año sino en las trayectorias escolares, las estrategias pedagógicas de acompañamiento propuestas, la relevancia de los contenidos enseñados y las oportunidades didácticas generadas en el aula para que construyan habilidades propias del oficio de ser estudiante que resultan relevantes para su presente y futuro. Cada instancia de evaluación nos ofrece la oportunidad de ayudar a los estudiantes a poner en juego sus saberes, visibilizar sus logros, identificar sus debilidades y reconocer sus propios estilos de aprendizaje.

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