¿Qué hacemos con Soñé?
Que Carlos Soñé, condenado a 30 años de prisión por violar al hijo de 3 años de su pareja, hecho que derivó en la muerte del pequeño, siga siendo un tema de debate y controversia es pura responsabilidad del Estado que no se digna a cumplir la ley y brindar el tratamiento respectivo a las personas privadas de la libertad.
De esta manera, no hay posibilidad de que los agresores sexuales puedan llegar a tener un informe criminológico favorable porque no reciben tratamiento, esto al margen de la discusión que existe sobre si son personas recuperables o no.
Especialistas a nivel nacional e internacional dan cuenta de que es altísimo el grado de reincidencia para este tipo de delincuentes sexuales.
Lo cierto es que todos esos informes no dejan de ser algo netamente probabilístico, argumentan algunos abogados.
Soñé, cuyo caso impacta a nivel nacional, cumple con los requisitos para poder tener salidas, dentro de un régimen de semilibertad. Tiene buena conducta y concepto y cumple con el parámetro temporal, pero los informes criminológicos son desfavorables.
La cuestión es, más allá de la decisión que puedan tomar los jueces de impugnación sobre darle o no el beneficio, quién se para de frente ante el Estado-Gobierno y le exige que cumpla con la ley que prevé el tratamiento para la reinserción de los presos.
Al margen de esto, hay otro debate en la calle. Los vecinos de Centenario no quieren saber nada con tener en su barrio a Soñé, para ellos es una bomba de tiempo, más aún cuando hay tantos niños alrededor. La pregunta es: ¿qué hacemos con Soñé? En algún momento va a tener que salir.
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