¿Qué hacer si un hijo pide cambiar de género?

Cada vez más padres hacen la consulta en Diversidad.

Pablo Montanaro

montanarop@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Nueve familias de distintas localidades de la provincia acudieron en lo que va del año a los profesionales que integran la Dirección de Diversidad de la provincia, a fin de solicitar asesoramiento sobre la identidad de género autopercibida de sus hijos.

“Hemos recibido a familias que no sabían cómo actuar ante la situación de que su hijo les planteara ‘me siento una nena’ o que su hija les dijera ‘me siento un varón’. Lo bueno fue que estos padres se comunicaron con nuestra dirección para buscar información, asesoramiento y empezar un acompañamiento en ese camino de la identidad de género autopercibida por ese niño o niña”, explicó Adrián Urrutia, a cargo de la Dirección provincial de Diversidad.

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Las familias que se acercaron a pedir ayuda residen en Neuquén capital, Rincón de los Sauces, Centenario, Junín de los Andes, San Martín de los Andes, Villa La Angostura y Plottier. Las consultas fueron realizadas en forma personal, por teléfono e incluso a través de las redes sociales del área.

La psicóloga de la Dirección de Diversidad, Valeria Alessi, explicó que el género es una construcción ideológica, cultural, política, psicológica y moral. “Ser hombre o ser mujer depende de cómo se organizan las costumbres, creencias, normas, prácticas y valores que caracterizan a una sociedad determinada. Lo ‘masculino’ y lo ‘femenino’ son categorías de una división que busca ordenar cabezas”, precisó. La profesional comentó que a partir de los 3 o 4 años los niños pueden reconocer y sentir su identidad de género. “A esas edades pueden reconocerse y declararse niña o niño, empiezan a comprender las diferencias físicas entre ellos y a expresar por sí mismos lo que sienten siendo niño o niña, o a veces algo entre estos dos”, describió. Aclaró que este proceso de construcción de la identidad “se va dando por etapas y durante toda la vida”.

Indicios

En cuanto a los primeros indicios que pueden aparecer en los niños que atraviesan esta situación, Alessi señaló que se manifiestan a través de “malestares”, como alteraciones en el estado de ánimo, incomodidad con la ropa, dificultades para hacer amigos o aislamiento del grupo de compañeros, pedidos para cortarse el pelo o dejárselo largo. “Son cosas que identifica la familia y de alguna manera los pone en alerta”, señaló.

A partir de esas situaciones, Alessi distinguió dos tipos de familias: “Las que no escuchan a su hijo o hija y lo maltratan o expulsan, y las que logran atravesar esta perplejidad de la situación y se acomodan en algo que les resulta nuevo de la mano del relato de su hijo y nos consultan”.

Uno de los problemas que advirtió Alessi son los contextos familiares y sociales en el que puede encontrarse el niño o niña que está teniendo esta experiencia con su identidad de género. “Un niño que a los 5 años encuentra un contexto familiar y social más abierto no va a tener miedo de hablar de lo que le pasa y su identidad empieza a ser más visible. Ahora, si ese niño está en un contexto de represión, de estigmatización, entonces lo que sucede es que la búsqueda de su identidad se demora, es decir, la identidad seguirá existiendo en ese niño pero lo que se posterga es la posibilidad de expresarla en ese contexto hostil”, explicó.

Evitar que los niños sigan sufriendo

Desde hace algo más de dos años, la hermana Mónica Astorga, de la congregación Carmelitas Descalzas de Centenario, acompaña a algunas familias cuyos hijos manifestaron una identidad de género distinta a la biológica. “Al principio a las familias les cuesta entender la situación, pero gracias a Dios muchas se animan a preguntar”, señaló la religiosa.

La historia de Luana, de 8 años, que nació como Manuel y en 2013 se transformó en la primera niña trans en el mundo en haber obtenido un DNI acorde a su identidad autopercibida, fue para Astorga la experiencia con la que pudo “entender el sufrimiento por el que pasaron las chicas trans” de Neuquén, a quienes hace más de 12 años les brinda ayuda para que puedan salir de la prostitución y la marginación en la que viven. “Las chicas me dijeron que ya entre los 3 y 5 años se sentían nenas, y cuando a los 8 o 15 años se animaron a decírselo a sus padres, las echaron de la casa”, señaló. Por eso puntualizó que “si cuidamos la infancia trans, podremos evitar que muchos niños y niñas sigan sufriendo”.

Acompañamiento a infancias trans

La Dirección de Diversidad se encuentra trabajando en la creación de un programa de acompañamiento a infancias trans, similar al que existe en la provincia de Santa Fe, que es único en el país. En octubre hubo una jornada de capacitación en Neuquén con la presencia de integrantes de la Subsecretaría de Diversidad santafesina.

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