Era un poeta, un músico y un hombre sabio y humilde; una conjunción de virtudes que lo llevó a lo más alto de la cultura popular neuquina. Marcelo Berbel (Don Marcelo, para muchos) hubiera cumplido mañana 97 años, y bien vale la efeméride para recordarlo.
Nació en Plaza Huincul en el seno de una familia humilde. Desde muy joven, estuvo vinculado con los poemas y la música hasta convertirse en uno de los máximos referentes del folclore argentino.
Fue el autor de canciones que se convirtieron en emblemas neuquinos y que todavía se escuchan en los festivales de música popular argentina. Amutuy, La Pasto Verde, El embudo, Soledad son algunas de la enorme cantidad de obras que dejó como legado, aunque también fue el autor del Himno de la provincia, junto al recordado Osvaldo Arabarco.
Descendiente de mapuches, Don Marcelo siempre se identificó con la cultura de los pueblos originarios. “Mi política es celeste y blanca y mi patria son los mapuches”, decía.
Su pasión por la música fue heredada por sus hijos que, desde muy jóvenes, interpretaron sus canciones y las llevaron a los escenarios más importantes del país. Aun Marité mantiene la pasión y el orgullo de entonar las melodías que creó su padre hace décadas.
El 9 de abril de 2003 murió a los 78 años y el dolor por su fallecimiento quedó reflejado en la multitudinaria despedida que se realizó en el Concejo Deliberante de la ciudad de Neuquén, donde despidieron sus restos.
Con motivo de conmemorarse mañana un nuevo aniversario de su nacimiento, bien vale la pena recordarlo. El viejo poeta se lo merece.


