Resiliencia en tiempos de coronavirus
En tiempos de crisis, de amenazas constantes de “colapso”, de enfermedades sin cura, sin vacuna, de virus que emergen como una realidad que asusta, vale la pena pensar en lo que somos, en lo que nos interesa y en nuestras fortalezas.
Apelar a esa capacidad hermosa y siempre presente que es la “resiliencia” y evitar la “sobre información”.
El término resiliencia proviene de la física, y se refiere a la capacidad de un material para recobrar su forma después de ser sometido a altas presiones. Su origen etimológico se encuentra en el término latino “resilio”, que significa ‘volver atrás’, ‘volver de un salto’, ‘resaltar’, ‘rebotar’.
La misma, alude a diferencias individuales que suelen mostrar las personas cuando están expuestas a diversos grados de riesgo. En este sentido, la resiliencia o facultad de recuperación implica dos componentes: la resistencia frente a la destrucción (capacidad de proteger la integridad ante las presiones deformantes) y la capacidad para construir conductas vitales positivas.
“Frente a la situación a la que nos vemos movilizados, interpelados, en ese territorio donde las dudas, la incertidumbre y la inseguridad surgen, también podemos apelar a esa capacidad humana para enfrentar, sobreponerse y ser fortalecidos o transformados por experiencias de adversidad”, explica la psicóloga Lucia Pola Boscarino (MP 1499. Neuquén)
Es allí, frente al vacío, en el medio de esa “opacidad” emocional, “donde debemos buscar, “hurgar”, bucear para poder encontrar la capacidad que tenemos las personas de mantener un funcionamiento efectivo frente a las adversidades del entorno o para recuperarlo”.
Existen una serie de habilidades identificadas en las personas que son resilientes, algunas de ellas son:
1- Respuesta rápida al peligro.
2. Madurez precoz: Capacidad de hacerse cargo de sí mismo.
3. Desvinculación afectiva: Separar los sentimientos intensos sobre uno mismo.
4. Búsqueda de información.
5. Obtención y utilización de relaciones que ayuden a subsistir en momentos críticos.
6. Anticipación proyectiva positiva: Capacidad de imaginar un futuro mejor.
7. Decisión de tomar riesgos.
8. La convicción de ser amado.
9- Reconstrucción cognitiva del dolor: Identificar los eventos negativos de la forma más aceptable.
10- Altruismo: Placer de ayudar a otros.
11. Optimismo y esperanza: Disposición de tomar positivamente lo que depare el futuro.
“La idea sería invitarnos a nosotros mismos a generar ese espacio, si podemos crear ese lugar en nuestro ser, seremos capaces de crear y de brindar bienestar a nuestro alrededor, y sabemos que para evitar el contagio, debemos generar ese sentimiento de solidaridad, compañerismo y altruismo. Es una oportunidad enorme de recuperar un nivel de gratificación interna que se nutre de saber andar, de transitar por esta vida con responsabilidad”, resume Pola Boscarino.
¿Cómo nos afecta el “aislamiento preventivo social”?
El aislamiento social, la “cuarentena” y la ‘sobre información’, pueden ser ingredientes que por sí solos generen “consecuencias” en la mente de cualquiera. Pero cuando se dan todos juntos en un mismo escenario, la crisis puede emerger.
Así lo dice la psicóloga de Neuquén, Lucia Pola Boscarino.
El estado de cuarentena supone para las personas, una situación de crisis. Como todo periodo transicional, ya que las crisis están delimitadas por un periodo de tiempo determinado, son como un capítulo dentro de un libro muy extenso en la vida de cada persona, ello representa tanto una oportunidad para el desarrollo de la personalidad, como así también, en su lado B, el peligro de una mayor vulnerabilidad al trastorno mental.
El psiquismo se ve “descolocado”, desconcertado ante esta nueva situación que irrumpe sin pedir permiso, sin ser invitada… y para la cual, los métodos antes utilizados, no son suficientes o muestran ser poco eficaces, destaca.
“Nos vemos ante un “algo” (en este caso el Coronavirus: enfermedad- muerte), que plantea, o mejor dicho, demanda/ exige, apelar a la creatividad. Nos arranca de nuestra zona de confort en todos los planos: emocional- cognitivo y conductual. A nivel más específico, el estar recluidos, aislados, excluidos, solos, solas... conlleva un ingrediente aún más complejo que en el resto de las crisis: los seres humanos emanamos de una raíz social, necesitamos al otro, a los otros...es a través de esos otros que nos constituimos como sujetos”.
¿Cómo impacta emocionalmente esta situación?, consultó LMN.
Emocionalmente tienen lugar una serie de sentimientos de cansancio y agotamiento; sentimientos de desamparo, de confusión; síntomas psicosomáticos; sentimientos de inadecuación: de no sentirse a la altura, de percibir que no se tienen los recursos necesarios para el problema; sentimientos de ansiedad. Pueden surgir patologías del espectro ansioso, depresivo, relacionadas con la desesperanza, el pesimismo.
Sin embargo, también hallamos este tipo de personalidades: las que ante una situación crítica, conflictiva, en lugar de huir, de escaparse del problema... se sumergen en él, a ver, no en el sentido disfuncional, sino en el hecho de que buscan en sí mismas, en su interior, en las profundidades de su ser... estrategias y recursos que ni sabían que escondían y que son de lo más poderosos, de los más ricos y de los más preciados. Este tipo de personas, viven la cuarentena desde un lugar de introspección, de paz y/o de búsqueda de recursos para mantener la calma, no negando la situación, sino tratando de “capitalizarla”, de aprovechar lo que sucede para generar una revisión interna en busca de una evolución.
- ¿Esto afecta más a los adultos mayores que a los jóvenes?
- Los adultos mayores, además de lidiar con que significan un grupo de riesgo más elevado para el contagio, deben combatir con la realidad certera que, de hecho, suelen estar más solos. Ya sea por enviudar, no tener a los hijos en casa, percibir la vulnerabilidad física, social y psicológica. El adulto mayor de nuestros tiempos, se hallaba, antes de la cuarentena, empoderado, realizando actividades recreativas, intelectuales y deportivas. Ahora, ante la irrupción de la cuarentena, está obligado a “inmovilizarse”, a bloquear su
cotidianeidad, y ello lleva a intensificar la percepción de aquellas aristas de la vejez, que son las menos agradables: tomar conciencia de que el tiempo, ese recurso tan cuidado, valioso y preciado de las personas cuanto más vamos creciendo, va a pasar, va a seguir aconteciendo... y no va a volver, es el tomar conciencia de que
es tiempo de “vida nutrida” perdido, que dista de ser el tiempo de “vida yaciendo” en la casa encerrados.
Los adolescentes poseen una visión de la vida, del tiempo y de la realidad muy diferentes: sus visiones se hallan teñidas con algunos condimentos de la infancia y, por ende, no le otorgan todo el peso a los acontecimientos, lo viven con mayor liviandad.
¿Qué tipo de personalidades son las que más sufren la cuarentena?
Las personalidades fóbicas o de base más ansiosa y/o depresivas pueden llegar a ser más afectadas por esta cuarentena. Los mecanismos defensivos que ponen en marcha serían diferentes, posiblemente no tan adaptativos ni tan funcionales: pueden utilizar lo que está sucediendo como “pretexto” (a niveles inconscientes por, supuesto) para alimentar más aún las condiciones patológicas pre- existentes.
¿Qué puede hacerse para mitigar las consecuencias de la cuarentena?
Es importante tratar de mantenerse informado, no “sobre- informado”, tratar de adoptar posturas subjetivas realistas, es decir: no generar paranoia, ni negar lo que sucede: confrontar la fantasía con la realidad, preguntarnos si esos pensamientos catastróficos tienen sentido en el contexto de lo que podemos llegar a hacer, determinar cuáles son las variables que nos pertenecen y de las cuales nos podemos hacer cargo.
Si hay algo que ha puesto en jaque este virus y la cuarentena, es el hecho de que las personas somos todo menos omnipotentes. Hemos estado viviendo bajo la falsa creencia de que controlamos “esto y aquello” (sobre todo lo exterior, lo
ajeno), y la realidad que, siempre logra imponerse, viene a mostrarnos que controlamos muy poco, casi nada. Lo que sí podemos hacer, es responsabilizarnos por lo propio, por lo interno, eso no solo se puede sino que en este contexto, debemos hacerlo, tendríamos que ser capaces de responder por nuestras decisiones, hoy, más que nunca.
¿Qué recomendarías hacer en este tiempo de cuarentena?
Establecer rutinas en casa; de estudio, lectura, siestas, actividad física, películas y series, recetas de cocina, si dejamos todo librado al azar, en estos tiempos caóticos, puede no salir del todo bien, por ello, es bueno tratar aunque sea esbozar una especie de “estructura”, flexible pero con lineamientos claves que ayuden a contener ese caudal de energía que produce el encierro.
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