Jésica Soazo, conocida por integrar la banda delictiva Bin Laden, fue filmada por las cámaras de seguridad de un centro de salud cuando huía con el inodoro de la salita cubierto con una especie de manta.
¿Qué nos queda por decir de Jésica? Cumplió condena por robos menores, supo estar a la par de los hermanos vendiendo y consumiendo drogas, le dieron prisión domiciliaria para que criara al hijo, pero violó la medida.
Los Soazo están históricamente ligados al delito, tanto los Bin Laden como los Felipitos, que son primos, y desgraciadamente están todos en la misma.
Jésica es madre, pero no roba para alimentar a su hijo, sino por droga. Su adicción puede más y ella va a seguir robando tantas veces como su abstinencia comience a enloquecerla.
Ahora, más allá de los comentarios absurdos que hacen personas que no ponen la cara, repasemos qué hizo el Estado por esta piba. Nada.
Los Bin Laden y los Felipitos son una banda, hay varios que han caído delinquiendo, pero todos tienen un factor común: arrancaron desde pibes.
Hablamos de la misma provincia que dictó la 2302 cuando los Bin Laden y los Felipitos a principios del milenio eran chicos, ¿y cuál fue la asistencia que se les brindó? La letra es hermosa, pero no hay respuesta real frente a esta situación. Los trabajadores de los hogares pueden contar cómo dejan la vida allí adentro y hasta andan en colectivo o ponen su auto para hacer el seguimiento de los chicos que están bajo observación por infringir la ley.
Jésica es un botón de muestra. Sigo insistiendo: poner alfombras no es salvar pibes, hacen falta políticas transversales.


