«Ser campeón olímpico es la gloria eterna»

Alberto Lanteri es de San Martín y ex esgrimista. Cuenta su experiencia de los Juegos realizados en 1964 en apón.

 «En esa época el esgrima era una cosa de adultos», contó en su céntrica y cálida cabaña el ex deportista olímpico a los 70 años.

San Martín de los Andes > El esgrima forma parte de su vida y el sable o el florete son, prácticamente, una prolongación de su brazo derecho. Es que, durante más de tres  décadas, Alberto Lanteri vivió, respiró y transpiró esgrima, un deporte que heredó de su abuelo paterno que fuera condecorado en su momento por el entonces presidente Marcelo T. de Alvear.
A los setenta años y en su céntrica cabaña, rodeado de los trofeos que cosechó a lo largo de mas de treinta y cinco años de práctica y enseñanza de este noble deporte, Alberto contó su experiencia  durante los Juegos Olímpicos de Japón en 1964 y lo que significa para un deportista llegar a esas instancias.
«La verdad es que yo empecé a practicar esgrima por ser el nieto mayor de un gran campeón, que era mi abuelo materno Carmelo Merlo, quien se destacó con el sable y participó de cuatro juegos olímpicos, París, Amsterdan, Los Angeles y Berlín», aseguró Lanteri para iniciar la charla.
«En esa época el esgrima era una cosa de adultos, por lo que hubo que andar mucho para que me permitieran ingresar en una sala con tan sólo doce años de edad y comenzar a dar mis primeros pasos en el deporte o a ‘tirar’, como se dice en la jerga del esgrima», dijo.

Deporte
Así fue como Alberto comenzó a tomarle el gusto a un deporte que, con los años, no sólo lo llenaría de honores sino que le permitiría incluso hasta ingresar en el Palacio Imperial en Japón, un privilegio que muy pocas personas en el mundo tienen.
Sus primeras armas las hizo en el Jockey Club de La Plata y, según narra Lanteri, «era un deporte con mucha vigencia, con mucho rigor, pero lleno de entusiastas, la Argentina estaba bien considerado y se trabajaba mucho en el tema».
Así fue como con el tiempo fue ganando sus primeros torneos locales siempre con florete, en la que se sentía mas cómodo.
Ya a los 17 años integraba  el equipo nacional de florete, lo cual le costaba mucho «porque todos los demos integrantes eran más grandes de edad  y no veían  con muchas ganas que un joven ocupara ese lugar».

Vueltas
Sin embargo, las vueltas de la vida hicieron que al poco tiempo de morir su abuelo, un experto en el manejo del sable lo invitarán a formar parte del equipo. Fue así que el hombre aceptó el gran desafío que, con el tiempo, terminó por convertirlo en campeón nacional en dicha arma, razón por la cual luego representó al país en los Juegos Olímpicos de Japón en 1964.
«El esgrima fue prácticamente destruido en el país, no hay mucha gente que quiera practicarlo y si no es así, que me digan donde lo pueden hacer, porque no hay prácticamente salas donde se pueda tirar», asegura con enojo Lanteri.
«Lamentablemente -agregó el ex atleta olímpico- quienes en su momento criticaban junto conmigo algunos aspectos de la organización de este deporte en el país, hoy ocupan altos cargos y hacen lo mismo que antes criticábamos».
Finalmente, Alberto Lanteri fundó una escuela de esgrima y tuvo por alumnos a grandes deportistas como Rafael di Tella o Marcelo Méndez. Allí fue donde se desempeñó hasta que una lesión en su brazo lo apartó definitivamente de este deporte que tanto ama.

El otro atleta

San Martín de los Andes > El actual concejal del partido vecinal Participar, Horacio Raguso, también formó parte de un equipo olímpico. En este caso, fue arquero del equipo de hockey en los Juegos Olímpicos celebrados en Montreal, Canadá, en 1976, cuando sólo tenía 16 años.
Según afirma Raguso, los recuerdos son imborrables como así también el orgullo que aún lleva consigo de haber podido participar de una gesta olímpica a la que concurren los mejores exponentes de cada disciplina en cada país.
La segunda oportunidad en el que ahora concejal iba a formar parte del equipo olímpico nacional, fue en 1980, pero cuestiones propias de la política internacional hicieron que el país no participase y así el  edil perdió su segunda chance.

La historia de la actividad

«Antes había mucho más actividad que ahora», asegura Lanteri sobre la evolución del deporte en nuestro país.

San Martín de los Andes > Sobre la historia de la actividad en el país, Lanteri  afirma que «años atrás había mucha mas actividad que ahora. En 1954, nos pidieron que fuéramos a los campeonatos Evita».
«Nosotros -continuó entre risas Lanteri-  éramos unos gorilas que nos salían los pelos por las orejas, pero fuimos igual. Casi nos morimos, era fantastico había mas de 150 chicos tirando en una sala».
«En eso Juan Domingo Perón fue un monstruo algo fenomenal, increíble. Había copiado el modelo europeo y era espectacular, les daba a los chicos tres armas, traje completo, careta, todo para ciento cincuenta chicos, cosa que hoy no se junta  en toda la Argentina. Lamentablemente  todas acciones que luego la Revolución Libertadora se encargo de destruir».
En cuanto a la decadencia del esgrima, Lanteri afirma que «esta comienza cuando empiezan a faltar maestros, ya que algunos fueron envejeciendo, otros se fueron del país. Este no es como  otros deportes, no se puede hacer esgrima sin un maestro, no es como el fútbol que jugas en la plaza sin entrenador sin nada».

El espíritu de los Juegos

San Martín de los Andes > «Cuando la gente critica a quienes son eliminados, a mí me indigna porque en realidad no tienen ni idea lo que significa para un deportista llegar a ese punto, estar allí», dice Lanteri.
«Un deportista -agrega- se prepara durante cuatro años para ese momento. A los Juegos Olímpicos  va lo mejor de lo mejor y por eso puede pasar que aparezca un desconocido y termine ganando».
 «El deportista sabe que esa puede ser su única oportunidad de ir a los Juegos porque nadie sabe que puede pasar dentro de cuatro años». También ocurre que uno hace su mejor perfomance y te va horrible y vos hiciste lo mejor de tu carrera deportiva ese día», agrega el ex olímpico.
«Ser campeón olímpico es la gloria eterna.  Digo esto porque si bien ser campeón mundial es importante, los Juegos son incomparables, únicos, magnos y cada cuatro años», afirma Lanteri. Una de las anécdotas que el deportista recuerda sucedió justamente durante los Juegos de Japón, cuando enfrentó al húngaro  Ctibor Pecsa, quien terminó siendo campeón mundial. Según recuerda Lanteri «estando en Japon  me toca enfrentar a Ctibor Pecsa, durante el encuentro llegamos a estar cuatro iguales. En el último ataque lo marco. El hombre estaba muy comprometido porque tenía dos derrotas y con una mas se iba a las duchas».  Después el gana dos asaltos que le quedan y por diferencia de golpes a favor y en contra clasifica».
«Así -continuo Lanteri-, este hombre a las nueve de la noche era campeón olímpico y yo hacia varias horas que me había ido a las duchas». «Horas después cuando lo voy a  felicitar él se acerca y me felicita a mí. Yo le pregunté por que me felicitaba y me dijo «porque vos esta tarde le ganaste al campeón olímpico».
«Este es el verdadero espíritu de los Juegos», dice.

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