Soñé disparó el debate
El pedido de semilibertad del violador Carlos Soñé se terminó frenando por un detalle administrativo, más allá de que los informes criminológicos le eran desfavorables.
Pero sin dudas esta jugada de la defensa de Soñé puso en escena el debate sobre la ausencia de tratamiento a los presos y principalmente de los agresores sexuales.
A esta altura de la novela, todo el peso recae sobre el Gobierno, que no cumple con la ley que establece el tratamiento para la reinserción, porque guste o no, tarde o temprano van a salir a la calle y ¿de quién va a ser la responsabilidad si reinciden?
El escenario es inmejorable para que el tema se trate a fondo y de una buena vez. Ya el Tribunal de Impugnación advirtió al Gobierno sobre la necesidad de realizar el tratamiento de los presos y conformar un gabinete criminológico que pueda responder a la demanda actual.
Hasta el momento no se ha informado si se avanzó en la incorporación de profesionales para conformar las duplas terapéuticas que deben atender a las personas privadas de la libertad.
Con todas las cartas sobre la mesa, se vuelven comprensibles todas las posiciones, incluso la del Tribunal de Impugnación que autorizó las salidas laborales.
Más allá de este caso puntual de Soñé, que tiene un trastorno pedofílico con componentes sádicos, al preso no se le puede reprochar aquello que el Estado no hace. Es decir, si no le dan tratamiento, es muy improbable que su conducta muestre algún cambio y con dos visitas del gabinete criminológico al año es casi ilógico pensar que Soñé o cualquier otro preso pueda llegar a obtener algún informe favorable como para comenzar a reinsertarse en la sociedad.
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