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Su casa explotó cuando tenía 3 años y seis meses después volvió a caminar: "Mi hijo es un milagro"

Diego Albornoz es el padre de Tahiel, el niño de 4 años que sufrió gravísimas quemaduras en la explosión del CGT donde murió una mujer. Su familia mostró su evolución y agradeció todo el apoyo.

"Hoy te puedo contar lo que pasó ese día sin derramar lágrimas". Así comenzó su relato Diego Albornoz, otra de las víctimas que sufrió en carne propia la terrible explosión en una vivienda del barrio CGT, ocurrida el 20 de agosto de 2021. Su esposa también resultó lesionada y su hijo, por entonces de 3 años, estuvo al borde de la muerte.

Estaban de paso en la vivienda de unos parientes, cuando salieron unas pizzas para compartir y decidieron quedarse a cenar. En un momento dado se dieron cuenta que una de las motos que estaba en el garaje perdía combustible, pero entonces nunca se imaginaron que podría desatar una tragedia, ni tan rápido. En un segundo explotó todo.

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"Tahiel salió entre medio de las motos prendido fuego por completo. Era una antorcha", recordó su padre.

En la desesperación, varias personas intentaron apagar las llamas que envolvían a su hijo. Una vecina se ofreció para llevarlo en su auto hasta el hospital de Cipolletti y más tarde llegaron los bomberos, policías y la ambulancia.

Los peritos determinaron que la explosión fue provocada por la acumulación de gases que provenían del tanque de nafta de una moto estacionada en el garaje de la casa. El lugar se encontraba cerrado y con un calefactor prendido, lo que provocó que las intensas llamas se propagaran a toda la vivienda.

Como consecuencia de la terrible explosión, una mujer de 43 años falleció días más tarde mientras se encontraba internada en terapia intensiva del hospital cipoleño; Diego y su esposa -Gysel Melo- sufrieron graves lesiones. Pero su hijo se llevó la peor parte, con el 60% de su cuerpo quemado. "De las axilas para abajo, y una parte de su carita", precisó Albornoz.

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Inicialmente, su hijo fue derivado de urgencia a una clínica de Roca, donde permaneció internado hasta el 29 de septiembre. "Fue muy duro verlo, todo envuelto...sin saber qué había debajo de las vendas", contó su padre. Pero las graves quemaduras que había sufrido requerían cuidados más intensivos y Tahiel fue derivado de urgencia en un vuelo sanitario al hospital Garrahan de Buenos Aires.

Fue terrible para ellos ese momento porque debido a las lesiones que presentaban ambos no pudieron acompañarlo. Finalmente se ofreció una sobrina, quien acompañó al niño en los momentos más decisivos de su vida, cuando ésta pendía de un hilo.

"Decile a la familia que se prepare porque este bebe se muere acá", le dijo a su sobrina el primer cirujano que lo vio a Tahiel en Bueno Aires. Sin embargo, las ganas de vivir, la fuerza de Dios y de todos, hizo posible el milagro. "En una semana tuvo una evolución muy grande", señaló Albornoz.

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Tahiel la peleó como un guerrero 127 días en Buenos Aires, hasta que los médicos le dieron el alta, el 20 de diciembre. Pero en las vísperas de Navidad no consiguieron pasaje, de modo que su retorno fue posible el 25, en un vuelo comercial. A mediados de febrero tuvo que regresar para otra intervención en sus piernas. "Se le había contraído la piel tanto que no podía caminar. Pero luego de unos injertos, gracias a Dios -y a los médicos- regresó caminando", comentó.

De Buenos Aires regresó nuevamente el 10 de marzo; y en el hospital de Allen comenzó otra etapa, la de la rehabilitación. En tanto, este miércoles tiene un turno en el centro de quemados de Cipolletti, donde las profesionales Carolina Gagliardi y Daniela García se ocuparán en más de su evolución.

"Mi hijo es un milagro caminando", expresó Albornoz, emocionado. "Es un capo", añadió.

Un médico le había dicho que de cada cuatro niños quemados con el 40% de su cuerpo sobreviven dos, y Tahiel tiene el 60% y está vivo. Por lo tanto, tienen sobradas razones para estar animados y agradecer, aunque el 20 de agosto haya sido un antes y un después.

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Más allá del traje que tiene que usar para compensar la presión de la piel nueva que va creciendo; más allá de la máscara de acrílico que cumple la misma función, y sólo se se la saca para comer o bañarse, su hijo quiere vivir y hacer lo que todo niño hace a los 4 años. "Ya no quiere usar más el andador y anteayer nos pidió que le pongamos las zapatillas para salir a jugar con sus amigos. Cada día que pasa, es un pasito más que da, algo nuevo que hace", contó Albornoz.

Manifestó que la gente lo quiere un montón y agradeció mucho toda la ayuda recibida para su hijo y su familia.

"Por ahí hay gente que se preocupa por la material, pero uno no se da cuenta del valor de las personas que tiene a su lado. Agradezco mucho a toda la gente de Roca, Allen, Cipolletti, Neuquén. Todas las colectas que hicieron. Gente que no nos conocía, que capaz no tenía nada y nos dio una mano. Después de lo que nos pasó, ya no me hago problema por lo económico. Claro que importa, pero yo me di cuenta en mi peor momento podía tener 20 millones en la cuenta y nadie me devolvía a mi hijo. El dinero ayuda, pero no es todo", reflexionó.

Muy sensibilizado también por el reciente incendio fatal que destruyó a una familia en Fernández Oro, expresó que "no le deseo a nadie" lo que están viviendo los padres de los niños que murieron y los que se salvaron; y valoró por encima de todo la vida.

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