Su prima le donó un riñón y ahora quiere subir el Aconcagua

Víctor Tilleria sufría de insuficiencia renal desde los 9 años.

POR NATALI RUIZ DE GALARRETA / ruizn@lmneuquen.com.ar

La sanción de la ley Justina la semana pasada en el Congreso Nacional lo cambió todo. De ahora en más, la lista de posibles dadores de órganos (de personas fallecidas) será masiva. Pero incluso con este gran paso, se va a seguir necesitando un poco más: ampliar la donación de un órgano en vida. Así como fue necesario para Víctor Tilleria, el último paciente en recibir un trasplante de riñón en el hospital Castro Rendón gracias a este acto de extrema solidaridad.

Oriundo de Aluminé pero zapalino por adopción, Víctor sufre de insuficiencia renal desde los 9 años. Tras pasar por otras cirugías a lo largo de su vida, a los 46 su cuerpo dijo basta: era necesario someterse a un trasplantarse para seguir. Sus riñones funcionaban al 10 por ciento, y si no quería entrar al largo y deteriorante proceso de diálisis, su mejor opción era encontrar un donante vivo.

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“Me dijo el nefrólogo que tenía un mes restante para empezarme a dializar si no tenía la posibilidad de que aparezca algún familiar compatible que me diera un riñón, y en diálisis uno no puede vivir”, indicó. Por suerte, tras meses de estudios, una prima se enteró de la necesidad de Víctor y se ofreció a dar un gran paso.

Un día Maite Salazar pasó a visitar a su tía y se enteró de la situación. “Me llamó a los diez minutos y me dijo que me daba el riñón”, observó sorprendido.

Maite, que tiene 30 años y vive en Villa Pehuenia, sostuvo convencida que si se quiere a alguien, para verlo bien haría lo que fuera. “No hay otro por qué hice lo que hice más que eso”, aseguró.

En este tipo de operación, la persona donante se queda con un solo riñón y, en cambio, quien lo recibe empieza a tener tres: el nuevo órgano se coloca en el cuerpo del paciente para ayudar con las funciones de los dos que estaban fallando.

“En un primer momento es chocante y difícil, porque uno se pone en el lugar de que una persona sana te esté ofreciendo un riñón. La preocupación que yo tenía era cómo iba a quedar ella”, sostuvo Víctor rememorando el primer momento que consideró la idea. Pero todo funcionó. A los tres días de la operación, Maite salió del hospital sin complicaciones.

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“Todo el mundo lo que te pregunta es sobre lo que no podés comer, como si estuviera ahora limitada a un montón de cosas. Si llevás una vida sana, no hay mucho que cambiar. Ni siquiera con la sal me tengo que cuidar mucho”, agregó Maite.

Los números de insuficiencia renal son impactantes tanto en Argentina como en Neuquén. Sólo en la lista de espera propia que tiene el hospital Castro Rendón hay 40 personas anotadas y otras 50 están haciéndose los estudios pertinentes para poder ingresar. Pero el dato es más alarmante cuando se considera que hay cerca de 600 pacientes en estos momentos en diálisis a nivel provincial, una situación que degrada el nivel de vida de las personas que no pueden acceder a otra salida.

El inicio de otra vida

El 6 de junio empezó otra etapa en la vida de Víctor. “Me dieron una nueva oportunidad”, dijo dejando ver un gran sentimiento de felicidad. Con escasas probabilidades de recibir un órgano de la lista de espera, el ofrecimiento de Maite, en definitiva, lo salvó.

Hasta el año pasado todo paciente con necesidad de recibir un órgano sin obra social, o incluso con ella pero que no cubría un trasplante, no tenían otra opción más que seguir con diálisis durante años o contar con el dinero para afrontar un viaje a Buenos Aires. Esto cambió cuando empezó a funcionar la unidad interdisciplinaria de trasplantes del hospital Castro Rendón en junio.

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800 personas murieron en 2017 en Argentina mientras esperaban un trasplante de un órgano

En lo que va del año, el hospital lleva acumulada la realización de cuatro trasplantes renales y tiene programados otros dos más. Víctor fue la cuarta persona en recibir este tipo de operación en el hospital capitalino.

El nefrólogo Matías Melideo, especialista en riñones del Hospital Provincial Neuquén y subjefe de la Unidad de Trasplante Renal, indicó que el tiempo de espera en estos casos “es largo, en Argentina el promedio es de 6 años”.

“A eso la alternativa es hacer un trasplante con un donante vivo, pero no siempre la persona está en condiciones o es compatible, entonces de 10 donantes que se estudian se concretará sólo un 30 por ciento”, agregó.

Señaló que a nivel regional los números de donación son bajos respecto de la gran cantidad de receptores que hay en la lista de espera.

Por lo que hoy también se necesita conocer que donar un órgano en vida es una opción viable y extremadamente necesaria.

“La necesidad de hacer visible los trasplantes es gigante”

Victor Tilleria hace años realiza campañas de concientización sobre la importancia de la donación de órganos a través del montañismo, y también para incentivar a los pacientes trasplantados a tener una mejor calidad de vida por medio de la naturaleza y el deporte. Ya escaló el Volcán Domuyo, y salió a recorrer el norte neuquino dando charlas sobre la temática.

Su próximo objetivo a cumplir es el de escalar el Aconcagua, en Mendoza, una montaña de cerca de 7 mil metros de altura para el 2020.

“Soy un apasionado de la montaña. Ya me estaba retando el médico porque quería en febrero volver a hacer una actividad, pero parece ser que todavía no me va a dar el alta. Hoy la necesidad de hacer visible los trasplantes es gigante. Por eso hay que seguir trabajando”, consideró.

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