Tiene 60 años y sigue aprobando la reválida para guardavidas

Manuel Castro se desempeñó como profesor de Educación Física y durante décadas cuidó a los bañistas en los balnearios de la ciudad.

POR PABLO MONTANARO / montanarop@lmneuquen.com.ar

El fin de semana pasado, a los 60 años, Manuel Castro aprobó su reválida número 30 para desempeñarse como guardavidas. De esta manera, este neuquino, profesor de Educación Física y nieto del doctor Eduardo Castro Rendón, se convirtió en la única persona de esa edad que alcanzó esa aprobación.

“Ya no tengo más lugar”, dice sonriendo, mientras muestra la libreta completa con todas las notificaciones de aprobación de las pruebas de resistencia de 500 metros, en la que debió nadar 500 metros en 10 minutos, y otra de velocidad, en la que recorrió 25 metros en 20 segundos. Indicadores que reflejan su excelente estado físico como consecuencia de sus caminatas diarias por distintos senderos de la ciudad y la práctica de natación, tres veces por semana.

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Recuerda que a los 5 años ya estaba nadando en la pileta del Tenis Club, iniciado por su padre, Juan Manuel, y antes de los 12 empezó en el río Limay. “Para mí el río es todo, como todo neuquino amo el río. Nos bañábamos, nos recreábamos, de pibe lo cruzábamos con mi padre, tengo los mejores recuerdos. Es siempre un espectáculo. Antes era más caudaloso, más ancho, más transparente… Lamentablemente, no es el río de años atrás por el tema de la contaminación”, explica.

Cuenta que cuando se decidió a estudiar el profesorado de Educación Física descartó sus otras inquietudes, que iban desde medicina pasando por veterinaria y hasta sociología. "Me metí en lo que más me gustaba: la vida al aire libre, los deportes; en fin, la actividad física".

Al recibirse, en 1986, de inmediato se anotó para el curso de guardavidas y al poco tiempo comenzó a trabajar en las temporadas en los distintos balnearios de la ciudad como también en el Dique Ballester.

“Trabajé como guardavidas por más de veinte años. No éramos muchos en esos primeros años”, asegura. Menciona que el Dique Ballester era la zona más peligrosa para bañarse: “Varias veces tuvimos que sacar a una familia entera, y era difícil porque no éramos muchos los guardavidas que estábamos”.

Tiene unas 30 pruebas superadas para integrar el cuerpo de guardavidas en balnearios y piletas. Ama el río y las actividades al aire libre, todas las mañanas sale a caminar y tres veces por semana practica natación.

Afirma que el miedo en el guardavidas aparece cuando empieza a trabajar. “Uno tiene dudas si la persona se está ahogando o no, si realmente te tenés que tirar para salvarla o no. Justamente esa es la tarea del guardavidas, saber cuándo la persona realmente necesita ayuda, pero nunca está de más tirarse y sacarse la duda. Cuando una persona está pasando un mal momento uno lo puede notar en el gesto, en los movimientos que hace en el agua”, describe.

Confiesa que nunca se le dio por la competencia aunque, además de natación, practicó otros deportes como rugby, básquet y vóley. "Siempre me gustaron los deportes pero me quedo con la natación, aunque puedo prenderme en algún partidito de fútbol", afirma.

Recuerda que en su juventud, cuando jugaba al rugby, junto con sus amigos recorrían trotando la avenida Argentina hasta la casa de su abuelo, ubicada en el barrio Alta Barda, el mismo en el que en la actualidad hay un club donde hace pileta tres veces por semana.

"Nadar me hace bien, es una cuestión de salud física y mental. Cuando vengo a nadar me siento bien, es como cuando uno hace yoga. Es algo que necesito, me equilibra mucho, me relaja. Los tres días que concurro a la pileta son sagrados para mí. Además, salgo a caminar todos los días una hora, sea por el río, por la avenida Argentina, donde haya un sendero ahí estoy", describe.

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Considera que la ciudad, con sus lugares para caminar, le ofrece al neuquino la posibilidad de mantener un buen estado físico y una vida saludable.

Manuel tenía 15 años cuando murió su abuelo. "Fue una relación hermosa y afectuosa. La familia se juntaba todos los domingos para almorzar juntos", recuerda.

Fueron muchas las enseñanzas que le dejó aquel hombre emblemático para la salud pública neuquina. "La enseñanza fundamental fue la de tratar de ser un hombre de bien, ser recto y dar lo menor de uno en todo momento y hacer las cosas con vocación y con ganas", subraya.

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