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La Mañana

Trabajadores, jubilados y democracia Alzheimer

Desde la desaparición de la escena de dirigentes como Saúl Ubaldini o Lorenzo Miguel, el sindicalismo argentino carecía de un liderazgo fuerte como el que ejerce Moyano.
Por GABRIEL RAFART

La fuerza de los trabajadores
En varios países los trabajadores han logrado convertir su fuerza social en potencia política. Ésta es una historia larga, de más de dos siglos. Fueron las clases trabajadoras las que aportaron huelgas perdidas, miles de muertos en refriegas con las fuerzas represivas, y por sobre todo el sayo moral de que su resistencia y demandas ponían en riesgo la paz social, la unidad nacional y el desarrollo de los países. En Europa, después de un largo período de silencio, parecen haber recuperado su voz en la resistencia.  Es el caso de Francia ante el reformismo de la seguridad social. Mientras que en España los trabajadores también se están movilizando frente a recortes salariales y otras medidas que atenta contra sus intereses. Otro caso es Inglaterra, donde los sindicatos han sido la piedra angular para una nueva conducción de izquierda del Partido Laborista.
Hace algo más de un lustro que Latinoamérica cuenta con ejemplos de mayor protagonismo. Que ya no sólo refieren a politicas de resistencias. Tampoco cuenta aquí el salvataje de los mineros de Copiapó. Su protagonismo mediático -al estilo de un prolongado reality show- ha sido una acción reparatoria frente a las duras condiciones de forzado encierro subterráneo. De esos “héroes de Chile” se dice poco acerca de la responsabilidad empresaria y estatal que llevó a lo que podría haber terminado en tragedia tal la historia de los trabajadores de la minería en ese país y en el mundo entero.
Importa aquí destacar la presencia de los trabajadores en clave política. Brasil es el mejor exponente con ocho años de gobierno del jefe de los metalúrgicos de São Bernardo do Campo, Ignacio Lula da Silva. Evo Morales, hoy presidente de Bolivia, también fue jefe de un sindicato, el de cocaleros. En Uruguay, la PIT-CNT es parte de las bases del Frente Amplio.
Hasta hace unos años la Argentina carecía de líderes sindicales con proyección nacional. Además de contar con popularidad escasa esos dirigentes estaban enfrascados en una lucha facciosa. Muerto Lorenzo Miguel y Saúl Ubaldini sus reemplazantes Daer, Lescano, Barrionuevo fueron parte de esa historia de facciones en disputa. El protagonismo limitado de esa dirigencia fue de la mano de sindicatos que habían perdido la potencia de otrora en las mismas filas del peronismo que los ubicaba como la “rama” más importante. El mismo movimiento político nacido con Perón había dejado de ser un partido de base obrera para convertirse en otra cosa. Esa historia parece estar en revisión por la suma de un viejo y un nuevo sindicalismo.
Lo cierto es que de la mano de Moyano el sindicalismo pareciera estar recobrando esa fuerza perdida. Su presencia en las filas del PJ asi lo confirman. También el masivo acto –sin ser el primero de este tipo-. Otro sindicalismo nuevo, el de la CTA de Yasky y Michelle, también está deseoso de protagonismo. Aunque su reciente disputa interna  con elecciones directas para elegir una nueva conducción diera cuenta que también ellos pueden mostrar “nudos” burocráticos y prácticas fraudulentas no muy distintos a su contrario de la histórica CGT.
 
Democracia Alzheimer Y los jubilados
Resulta interesante que en el país se esté discutiendo una nueva política de seguridad social. También, que el mundo de los trabajadores recupere protagonismo. Ambas discusiones tuvieron su inicio con medidas prácticas. La “cuestión laboral” se reinstaló en los últimos tres lustros de la mano paradójicamente de los sin trabajo o, en todo caso, de los trabajadores despedidos cuando recurrieron a modos nuevos de protesta. Los piquetes por momentos parecían haber reemplazado a la clásica huelga. Más adelante el MTA de Moyano junto con la CTA comenzaron el ciclo de movilizaciones. Desde abajo vino la protesta. En cambio desde arriba llego la discusión sobre qué hacer con las jubilaciones, con los jubilados y con los mayores sin protección. Es así que fue el Estado –primero neoliberal y luego neokenesiano- el que promovió los cambios más relevantes.
De este último tiempo cuenta el restablecimiento de medidas a favor del mundo de los jubilados y pensionados. El sistema prácticamente se ha duplicado respecto al existente a la llegada de Kirchner. Sólo mencionar el aumento del número de pensiones, la novedad de las jubilaciones para amas de casa hasta los beneficios. También respecto a la situación del personal universitario pasivo que refiere a un beneficio del orden del  82% del mejor salario de los últimos cinco años de trabajo. Es cierto que la brecha entre lo que cobran unos y otros es muy importante. Por cada peso que obtiene una jubilada ama de casa el universitario pasivo lleva a su bolsillo entre siete y diez. Esto sigue hablando de una desigualdad difícil de sostener. El proyecto votado por las dos Cámaras y vetado por el Ejecutivo amplificaba sin duda este patrón de desigualdades. De hecho ese proyecto tampoco no contemplaba qué hacer con los cientos de miles de adultos mayores que carecen de estos beneficios previsionales. 
Sin duda, la Argentina sigue lejos de aquellos tiempos en que el desarrollismo, el pleno empleo y las políticas de bienestar hicieron posible que el país gozara del privilegio de montar una de los de las sociedades más igualitarias del continente. A pesar de no lograr los niveles de hace medio siglo se está mejor de lo ocurrido hace apenas una década cuando el equipo gobernante de la deshilachada Alianza ponía en juego medidas de ajustes hacia trabajadores y jubilados, además de iniciar el camino que llevaría al famoso “corralito” como lo recordaba recientemente un ministro. De hecho el día en que la Cámara Alta votó por el dictamen proveniente de Diputados a favor del 82% móvil para los jubilados de la “mínima” pero de mayor impacto en el bolsillo para los que más ganan coincidía con un nuevo aniversario –noveno- de las elecciones en que la política noventista entró en su dramático ocaso.
En esta suerte de “democracia Alzheimer” que por etapas vive la Argentina una gran parte de la clase política argentina ha pasado por alto que el 14 de octubre hubo una elección que dejó sin oxígeno al gobierno de esa Alianza además de impugnar la política de un Estado sin rumbo fijo. Curioso momento el actual en que actores partidarios de ayer que plantearon el santo remedio de la reducción del gasto público, presupuestos universitarios, salarios estatales y jubilaciones sean quienes hoy se erijan en campeones de la protección de los jubilados. Es cierto que la clase política que hoy milita en la oposición parlamentaria no parece haber sufrido una renovación significativa – uno de los sueños electivos de muchos votantes en la jornada del 14 de octubre de 2001- como para conocer este brusco cambio de rumbo donde ayer se era ajustista, luego defensor de las AFJP bajo la excusa de la confiscación y ahora adherentes a un keynesianismo jubilatorio. Es bueno señalar que el oficialismo actual tampoco cuenta con sus filas totalmente renovadas respecto a la militancia de los noventa. También ellos son parte de la historia de un reformismo jubilatorio regresivo igual que en el avance de un estado que se desentendió de la protección social. A pesar de ello hay figuras parlamentarias que si cuentan con credenciales contraneoliberales. Por caso sólo mirar la biografía antes académica y hoy política de Eric Calcagno. También del cordobés Luis Juez. Igual que el socialista Ruben Giustiniani. El primero y los otros dos se ubicaron en las veredas opuestas frente al proyecto votado en la madrugada del 14. Mientras tanto el vicepresidente se ocupó de convalidar su lugar de opositor.
La democracia Alzheimer es una fórmula que no sólo recurre al olvido, también es incapaz de aceptar nuevos aprendizajes.