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Tras 63 años de calzar a los cipoleños, cerró Yonell

Atendió a varias generaciones de vecinos. Había nacido en 1959.

El 7 de noviembre de 1959, la zapatería Yonell hizo su primera venta. La clienta fue Betty y adquirió un calzado número 36 por 890 pesos. Esa factura 001, con el talonario completo, la conserva como un tesoro invaluable Mara Pavlin, última responsable del comercio que con el paso de las décadas se erigió como uno de los más tradicionales de Cipolletti.

Mara es la última literalmente, porque el local ubicado en San Martín 486 (casi Miguel Muñoz) cerró sus puertas luego de casi 63 años de vigencia ininterrumpida.

No fue un final aquejado sino un ciclo cumplido sustentado en deseos de realizar un giro en lo personal, precipitado ante la irrupción del COVID y las restricciones que afectaron distintos eslabones de la cadena productiva.

"Me puedo dedicar a otras cosas ahora que tengo más tiempo, como estar con mi familia, mis nietos", dice mientras dos de ellos pasan correteando de la cocina al living.

En sus palabras revela que la zapatería está presente en ella como parte de su vida, y la evoca con satisfacción.

"Todos lindos recuerdos. Tengo que agradecer a la clientela que siempre nos acompañó, a los fabricantes que confiaron en nosotros ya nuestros empleados que fueron parte de la gran familia", sostiene.

Tenían clientes de años que se fueron renovando a través de las generaciones: abuelos, hijos, nietos. Incluso algunos que vinieron de otras localidades, como del Valle Medio.

"Volvían porque los atendíamos bien. Era un trato personal. Teníamos como principio estar agradecidos a quien abría la puerta y nos elegía", sostiene.

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También, sin dudas, se distinguieron por la calidad de los productos que vendían, primeras marcas como Grimoldi, Kickers y Adidas, entre otras.

Sus vidrieras solían mostrar lo que señalaba la moda, y era una tentación detenerse a contemplar el repertorio exhibido, cualquiera fuera de la edad. En el ambiente juvenil eran famosas las zapatillas deportivas que vendían, modelos que no se apoyaban en otros locales del rubro. Los grandes usados se referían a lo perdurable que resultaba el calzado comprado allí, además de la propuesta estética.

En su extensa permanencia atravesaron con éxito todas las crisis económicas que azotaron al país, y notaron como los distintos sucesos fueron modificando el paisaje del abanico comercial céntrico. Finalmente le llegó el turno a Yonell, con la salvación de que fue una decisión adoptada sin traumas. En su lugar ahora funciona una casa de telas. Solo queda el cartel que mantiene vivo el recuerdo, aunque por poco tiempo. De todos modos, mejoraron en la memoria colectiva de los cipoleños.

Yonell fue fundada por la mamá de Mara, Yolanda Toschi y su hermana Nelly, que eligieron como nombre del comercio las primeras letras de los suyos.

Nelly luego se mudó a Buenos Aires y Yolanda quedó al frente, pero no lo hizo sola, sino que contó con la colaboración de su esposo y sus tres hijos.

"Eran mi prioridad, mi familia y el negocio", sostuvo Mara.

Ella guió el comercio con el mismo estilo con lo que hizo su madre, dedicándole muchas horas y con total respeto por los clientes y sus empleados. Entre ellos recuerda a Zulema Olea, la primera de todas con la que lograron un vínculo cercano.

También tuvieron estrecha relación con los viajeros -que años atrás abundaban- y con las fábricas de calzados. Mara recuerda que conoció a las grandes industrias del país y que también participó en numerosas exposiciones, donde se nutría de novedades que luego ofreció a su público.

"Fueron años hermosos", insiste.

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