Luego de varias semanas en las que la Policía buscaba a unos criminales albaneses ficticios, un piloto griego admitió en un interrogatorio de ocho horas que asesinó a su esposa británica porque ella lo iba a dejar y se marcharía con su bebé, de 11 meses. El femicida, que se mostró en la televisión llorando y asegurando que vio cómo mataron a su esposa ante sus ojos, llegó a ejecutar a su perro para fingir un ataque.
La muerte de Carolina Crouch, de 20 años, atrajo los titulares internacionales cuando su esposo Babis Anagnostopoulos, de 33, relató una historia impactante de ladrones encapuchados que torturaron y asfixiaron a la joven mientras él estaba atado a una silla, en su casa de Atenas, el pasado 11 de mayo. Si bien la investigación se centró en el testimonio del hombre, una serie de pruebas generó un cambio en la causa y tras una extenso interrogatorio, los agentes le sacaron la careta al “actor de primera clase”, como lo catalogaron. “El culpable es su esposo, que confesó el hecho”, confirmaron las autoridades, en un comunicado difundido el jueves a última hora.
Según los informes, Babis finalmente se derrumbó y reveló: “Esa noche, habíamos estado discutiendo desde el principio. En algún momento, tiró al niño en su cuna, y me dijo que me levantara y saliera de la casa. Ella me empujó y me golpeó. Mi juicio se volvió borroso, la estrangulé y luego organicé el robo”. En esa elaborada escena del crimen, el homicida ahogó al perro de la familia y colgó su cuerpo de la barandilla de una escalera para culpar a los ladrones y fortalecer su historia. “Era un actor de primera clase. Una de las últimas cosas que hizo en Alonissos fue abrazar a la madre de Caroline y decirle que iba a Atenas para identificar a un sospechoso”, dijo un policía al Sun Online.
El aluvión de nuevas pruebas que le allanaron el camino a la pesquisa provienen del propio celular del acusado: una aplicación rastreó sus repetidos pasos desde el ático hasta el sótano de la casa en el momento en que afirmó que los presuntos delincuentes le vendaron los ojos y lo ataron. También, se descubrió que la tarjeta de memoria en la cámara de seguridad del dúplex que la pareja compartía también había sido retirada a la 1:20, mientras que él había afirmado que los chorros irrumpieron en la casa varias horas después. A su vez, el reloj inteligente de Caroline registró que su corazón había dejado de latir tiempo antes del momento en que Anagnostopoulos afirmó que debió haber sido asesinada. El femicida quedó detenido ese mismo jueves por l anoche, en las celdas de la sede central de la Policía de Grecia.
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