Adriano Calalesina
Centenario.- Si la historia se repite como tragedia y después como farsa, Nueva España le hace honor a esa frase que sigue dando vueltas al mundo.
La tormenta otra vez dejó al desnudo que una parte del barrio, ubicado entre Centenario y Neuquén, necesita obras urgentes, que cambien en serio el marcado estigma marginal que tiene la zona.
En abril de 2014, un río violento dejó varias casas suspendidas en el aire, apoyadas con maderas precarias. Y este fin de semana, la situación fue casi un calco.
“¿Tenemos que esperar a que haya una tercera inundación y un muerto? Los vecinos se cansaron de escuchar promesas”, dijo Marcelo Gómez, vocero de la barriada.
En rigor, no todo el barrio sufrió la lluvia por igual. Los más afectados fueron los asentados en la calle Los Olmos, un cañadón natural donde baja rápido el agua cada vez que hay precipitaciones.
El lugar está físicamente dentro del ejido de Neuquén capital, pero es asistido por el Municipio de Centenario. Además, tiene todos los informes técnicos que indican que en un cañadón no se pueden construir viviendas residenciales.
“Ya hubo varios intentos de reubicación y la gente no se quiere ir. Es impresionante cómo ganan un poquito de tierra y se vuelven a instalar. Es una situación bastante compleja”, reconoció a LU5 el intendente Esteban Cimolai.
“Tenemos que agradecer a la cantidad de empleados municipales que están desde el domingo, que no han dormido trabajando en el operativo después de la tormenta”. Esteban Cimolai. Intendente de la ciudad de Centenario
30 familias viven en el cañadón de Nueva España.
Se empezaron a asentar a finales de la década del 90. Nunca habían tenido problemas.
Empresas en falta
Esas familias llegaron al lugar a principios de 2000 y desde ese entonces, aunque hubo fuertes lluvias, nunca tuvieron demasiados dramas, a pesar de vivir dentro del cañadón. Entonces, ¿qué pasó del 2014 hasta la actualidad?
Los vecinos apuntan a la modificación del terreno que hacen las empresas del parque industrial Neuquén, sobre todo dos de ellas taparon otros dos cañadones naturales. Esta situación, según la teoría de los vecinos, hizo que todo el volumen de las lluvias se volcara como un baldazo sobre las casas más altas de Nueva España.
“No hace falta una gran obra, sólo pedíamos que rompan una parte del cañadón tapado, para que el agua pueda correr por otro lado”, se quejó Gómez, quien dijo que en el barrio se hace difícil recuperar la autoestima.
Durante la tormenta, la comuna actuó sobre la emergencia. Pero ni con cinco máquinas pudo frenar la fuerza de una cascada, que amenazó con llevarse varias casas.
En la madrugada del martes, tanto funcionarios como vecinos estuvieron trabajando a brazo partido, con palas y maquinarias, para desviar parte del cauce.
El esfuerzo tuvo su fruto, pero a medias. No hubo evacuados, sino dos familias reubicadas, pero las redes de agua y gas quedaron expuestas por la erosión del agua.
En estos días, Camuzzi Gas del Sur tiene la orden de retirar los medidores de gas por seguridad, según contaron ayer los mismos vecinos. Otra vez se quedarán sin servicios. La comuna tendrá que poner dinero para restablecer la vida en el barrio. Mientras tanto, la zona espera una obra grande sin promesas. Algo que les devuelva la alegría para siempre.
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