Un crimen para recordar

Javier Galar tenía 27 años cuando fue asesinado a golpes el 17 de junio de 2006 en pleno centro neuquino.

Lo mataron en la vereda de un boliche bailable. Lo sorprendieron entre varios, en patota. No alcanzó a defenderse. Uno de las patadas en la cabeza terminó con su vida.

No se trata del crimen de Villa Gesell (del que todo el país habla), en el que un grupo de rugbiers atacó a un muchacho a la salida de un boliche. Se trata de un asesinato cometido hace casi 14 años, en pleno centro de la ciudad de Neuquén, que generó tanta conmoción como este pero que con el correr del tiempo quedó en el olvido, como tantos otros.

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Cuando vi la noticia de los rugbiers, del ataque en manada y de la bronca e impotencia que causó este absurdo crimen, se me vino a la mente el de Javier Galar, porque tuvo similitudes con este bestial ataque.

A Javier lo mataron en 2006 en inmediaciones de un boliche bailable. Dicen que quedó en el medio de una discusión y posterior pelea entre dos grupos de pibes. Y que entre las corridas y la confusión se la agarraron con él, que no tenía nada que ver. Le pegaron aunque él tenía las manos en los bolsillos. Y así cayó. Ni siquiera se enteró de que estaba a punto de morir.

Por el asesinato condenaron a dos personas mayores (un menor quedó en libertad) de las ocho que estaban involucradas. Fue una justicia a medias con algo de impunidad.

Alrededor de este homicidio hubo un gran debate sobre la violencia entre los jóvenes, el alcohol, las famosas “manadas”, la responsabilidad de los padres y varias cuestiones vinculadas a la vida social neuquina. Después, todo quedó en la nada.

Por eso, a partir de este nuevo hecho desgraciado que tanto duele e indigna, viene bien recordar estos casos que el tiempo y los millones de noticias terminan enterrando en el olvido.

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