Un nuevo año, otro desafío
El horóscopo dice que los astros me iluminarán y tendré un buen año. Tengo que cuidarme de los excesos de comida y de los gastos. Es lo mismo que decía en las predicciones de 2019. Lo mismo me dice el Gobierno, hay que hacer un esfuerzo y vamos por un 2020 más esperanzador. ¿Expectativas? Miles como cada uno o una de los que leen estas líneas.
Estamos terminando un 2019 que nos ha despertado alegrías y emociones, que nos ha arrancado esperanzas y despertado otras. Cumplimos varios objetivos, otros quedaron en el tintero para más adelante y se plantearon nuevos desafíos. La pobreza, la inflación y la inclusión social son cuentas pendientes de propios y extraños. El debate por el aborto (aunque se avanzó bastante), el flagelo de la violencia de género y la lucha contra la droga (a pesar de los promocionados operativos y secuestros) aún son temas que como sociedad tenemos que seguir abordando cuando cambiemos el calendario.
Y dos puntos clave serán la educación y el diálogo. La primera para abandonar la desigualdad social que genera la ignorancia y brinda nuevas oportunidades. Y la segunda, para tratar de acercarnos, alejar posiciones irrevocables y dejar, poco a poco, la grieta. Esa misma que marca nuestras mesas cuando cada uno toma su teléfono celular y el tecleo constante gana espacio por sobre el diálogo de la familia, de los amigos.
¿Utópico? No lo creo. A medianoche, cuando levantemos nuestras copas, y saludemos a nuestros seres queridos -familia y amigos- por el nuevo año que arranca, pensemos en cada grano de arena que podremos aportar a lo largo de los próximos 365 días. Se viene el 2020, en la jerga quinielera, la fiesta. Que sea de todos, no de unos pocos.
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