Especial
Buenos Aires.- Estamos en Burdeos a mediados de junio. Todas las tardes, a última hora, bares y restaurantes lucen en sus barras una enorme frapera, la mayoría de las veces transparentes. Adentro, entre hielos, nadan cuatro o cinco botellas de hasta tres litros de vino rosado. El asunto no llega sólo a Francia. En Inglaterra y Estados Unidos, el verano 2015 trajo como novedad de consumo esta moda: vinos de un pálido color rosado, casi un cobrizo etéreo, que se bebía como aperitivo, pero también como compañero de la cena y hasta bien entrada la noche. ¿La razón? Como en todo fenómeno de la moda, hay un poco de sobreactuación de la oferta y un poco de sobreactuación de la demanda: con un hashtag en Instagram (#roséallday), más de 600 marcas reseñadas en Wine&Spirit Magazine y hasta un ejemplar, Miraval, creado para Angelina Jolie y Brad Pitt, la cosa explotó.
La mayoría se elabora a partir de uvas tintas: malbec, pinot noir, garnacha, bonarda, merlot y cabernet.
Más nuevo, mejor. En los rosados no existe la crianza, por lo que tampoco existe la longevidad. Es más: cuanto más nuevo mejor. Y para nuevos, ahora hay que beber los 2015 que ya llegan al mercado ya que, junto con los sauvignon blanc del año, los rosados son los primeros vinos en asomar cada año en la góndola. Buenos ejemplos que ya están a la venta son Alta Vista Malbec Rosé (2015, $99), Quara Malbec Rosé (2015, $52) y Críos Malbec Rosé (2015, $109).
¿A qué saben? La paleta de sabores es variada, pero todos tienen una constante: la frescura. En eso, las regiones altas o frías son las mejores. Estrictamente hablando, un buen rosé se define en su perfume frutado y floral, con algún trazo de hierbas; una boca ligera y llena de chispa fresca, que obliga a chascar la lengua cuando uno los bebe; un final jovial, lejos de toda intelección, que invita a otra y otra copa. Así son, también Amalaya Rosé (2014, XX) y Kaikén Rosé de Malbec (2015, $95). Sin embargo, una mayoría de rosados aún ofrece algunos gramitos de azúcar residual, con lo que tienen cierta dulzura golosa que los hace peligrosamente ricos. Así son, por ejemplo, Goyenechea Rosado de Merlot (2015, $50) y Norton Mil Rosas (2015, $59), que además de compartir la variedad tienen un paladar igualmente goloso.


