Un registro civil donde el origen no es una diferencia

En el barrio Islas Malvinas se inscriben mapuches, aymara y qom.

Ana Laura Calducci
calduccia@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- En una calle sinuosa de Cordón Colón, en el corazón del barrio Islas Malvinas, hay un salón de dos pisos que oficialmente es una biblioteca popular pero en la práctica cumple muchas funciones, desde repartir garrafas de gas hasta enseñar a filmar una película. Allí hay también una oficina del Registro Civil, que fue la primera en el país creada especialmente para anotar a los bebés mapuches y de otras culturas originarias, respetando la grafía y tradición de cada pueblo.
Se inauguró en 2013 como un registro intercultural, algo inédito hasta ese momento. Esta experiencia formó parte de un proceso de apertura hacia el derecho a la identidad de los pueblos originarios, que se fue extendiendo por todo el país.

Cuando abrió sus puertas, el registro civil de Islas Malvinas permitió que muchas familias de origen mapuche anotaran a sus hijos con los nombres en su idioma y respetando la grafía que consideraban adecuada, sin trámites engorrosos y sin pagar aranceles, como ocurría en otras partes.
Hoy, la interculturalidad es ley gracias al nuevo Código Civil, y la oficina de Cordón Colón sigue funcionado como una más de tantas. Por la composición social del barrio, sigue anotando bebés de pueblos muy distintos: aymara, quechua, qom y lao lista sigue.

"Desde agosto del año pasado, se reconoce el derecho al nombre en cualquier etnia, ya no hay que pagar un sellado si no está en la lista y eso cambió todo", contó Hueney Pilquiñán, uno de los encargados de la oficina.

Comentó que, "por lo que sabemos, fuimos la primera experiencia intercultural de Argentina y después se fue replicando. Fuimos el inicio de un cambio".

Claudia Durán colabora en la biblioteca Jaime de Nevares, que funciona en el mismo edificio. Relató que "Cordón Colón inicialmente fue un barrio con muchas familias de origen mapuche que se habían venido del interior y por eso surgió la inquietud de mantener la cultura acá".

Recordó que uno de los derechos vulnerados era el nombre. Indicó que "hace 30 años, era muy difícil eso; muchos que hoy son adultos eligieron uno en español y usan otro en mapudungún".
Explicó que en 1992, "con los 500 años de la llegada de Colón, hubo un boom y se hicieron populares los nombres mapuches pero castellanizados, como Nahuel, Lautaro o Ailén". Esa moda sacudió a las comunidades y nació con fuerza la idea de recuperar la identidad.

Claudia afirmó que, en su momento, el registro intercultural marcó un hito. "Pasó una barrera frente a la sociedad y abrió las puertas", remarcó. Dijo que "se lograron cambios y el barrio también cambió. Seguimos siendo interculturales pero ahora con muchos descendientes de pueblos originarios migrantes".

Así, hoy en el registro hay chiquitos que se anotan como Francisco o Benjamín, otros que se llaman Coyke o Awkán y los que se inscriben como Amaru o Yanay. Todos figuran en un mismo archivo, uno junto al otro como en las calles del barrio.

2013 Fue el año en que abrió el registro intercultural en el barrio Islas Malvinas.

"Aprendimos que no podemos cerrarnos"

Eduardo Pilquiñán es uno de los impulsores del registro intercultural y de muchas actividades de la biblioteca Jaime de Nevares. Es lonco de la comunidad mapuche Folilce Kvpan, del barrio Islas Malvinas. "Vengo de una comunidad mapuche de Los Miches, llegué a Neuquén como muchos que nos vinimos del interior", contó. Una vez asentado en la ciudad, una de sus preocupaciones era no perder la identidad, su historia familiar.

Relató que por eso, junto a otras diez familias descendientes de mapuches, formaron un lof en Neuquén capital. "Y no somos el único, hay varios más, aunque no todos están registrados; tienen el reconocimiento por la Constitución pero no les dan la personería".

Explicó que hay tradiciones que se mantienen y otras que no, porque en la ciudad conviven culturas muy distintas. Para graficarlo, contó que en la biblioteca participaron hace poco de un casamiento gitano y ahora van a ir a celebrar el año nuevo mapuche junto al río, el Wiñoy Xipantu. "Con el tiempo aprendimos que no podemos cerrarnos, que vivimos todos mezclados", dijo.

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