Un trotamundos que les dio aire de radio a los parajes neuquinos

Jorge Martínez Arias. Nació en un pequeño pueblo de Entre Ríos, pero vivió 25 años como maestro rural y periodista en Neuquén.

Cuando iba a estudiar periodismo, la dictadura cerró la carrera en la Universidad de Rosario.
Con un transmisor de radio, permitió que Aguada San Roque y Auca Mahuida tengan contacto con otras ciudades.

Adriano Calalesina
adrianoc@lmneuquen.com.ar


Centenario.- Siempre es bueno volver al primer amor, al refugio inicial que parece darle sentido a la vida. Al menos eso fue lo que le pasó a Jorge Martínez Arias, un maestro rural, poeta y periodista que vivió 25 años en la provincia y tras un largo camino volvió a Hernández, un pequeño pueblito de Entre Ríos, donde nació hace 59 años.

Jorge define estadios en su vida que lo conectan con sensaciones que lo mantienen vivo. "Me considero un hombre de la cultura, después periodista, luego docente y ahora, después de mucho tiempo, estoy incursionado en la política", expresó.

También fue corresponsal de LU5 y su voz fue conocida en la provincia por dar cuenta de lo que ocurría en los parajes, para mantener informada a la paisanada, que necesitaba trasladarse de un lugar a otro.

Antes de llegar a Neuquén estudió docencia en Nogoyá y trabajó en radios y diarios del Litoral, ya con la firme idea de incursionar en el ámbito de las letras. Es que salió del secundario como bachiller con orientación en Letras y su vida estuvo signada por la escritura, con la conexión al paisaje litoraleño y las historias de sus personajes.

Cuando fui director de la escuela de Aguada San Roque teníamos un equipo de radio que era el alma del pueblo".

Quiso estudiar periodismo y se mudó a Rosario. Era 1976 y había cerrado la carrera en la Universidad Nacional (UNR). "Participaba de movilizaciones y ya me habían marcado. Pero cuando desapareció Teresita Serra, una estudiante de mi pueblo natal, entendí que tenía que volver de nuevo a Entre Ríos", recordó.

Impulsor nato de la militancia social, desde el aula, las actividades culturales y la palabra, en 1973 había conocido la cordillera neuquina en un viaje de estudios, y desde ese tiempo se prometió que iba a regresar a esta provincia. Por unos amigos de Cutral Co, se vino sin nada, allá por 1981, para ejercer la docencia.

"En ese momento, Neuquén explotaba, como ahora. El supervisor de Educación (Carlos La Paz) me dijo que no había trabajo pero yo le insistí en que venía para quedarme", recordó Jorge, quien destacó al historiador Mario Gercek y Lili Muñoz, quienes lo ayudaron a instalarse en la provincia. Le ofrecieron ser maestro de la Escuela 238 de Rincón de los Sauces, pero el cambio y la conexión con el sector rural vino al año siguiente, cuando partió hacia la desaparecida Escuela 120 de Auca Mahuida, ubicada al lado de la mina de asfaltita La Escondida, que explotó en 1947 y dejó 23 obreros muertos.
Después fue director de la Escuela 104 de Aguada San Roque, otro paraje en una vasta zona que hoy se conoce como Vaca Muerta. "Teníamos un equipo de radio que lo pusimos a funcionar. Era el alma del pueblo. La única forma de comunicarnos y de que sepan lo que estaba pasando. También hacíamos un mensuario, El Tábano", expresó.

Luego de seis años de caminar por colegios rurales, en 1987 llegó a Centenario, donde empezó a trabajar en la Escuela 204. Pasaron unos días y fue a una reunión de docentes en el municipio para organizar un acto. "En ese momento se desfilaba en silencio, no se hablaba de las historias de las escuelas, así que propuse hacer las glosas. El intendente (Adrián Fernández) me llamó y enseguida empecé a trabajar en la radio municipal Sayhueque", recordó.

A principios de los 90, los conflictos gremiales se multiplicaban y la palabra desocupado empezó a calar hondo en la ciudad. A través de su programa empezó a "darles aire" a los distintos actores sociales, algo que terminó con su desvinculación de la radio. "Fernández me levantó el programa", señaló sin rencores.

En 2002 se fue de Centenario y emprendió de nuevo el camino de maestro rural. Se fue a la escuela de Nahuel Mapi, en el paraje de Aucapan, en una reserva mapuche, a 60 kilómetros de Junín de los Andes, donde estuvo dos años. Por problemas de salud, tomó una decisión: volverse a su pueblo natal de Entre Ríos.

Hoy, Jorge descansa como en su niñez, con el ritmo propio de un pueblo que parece haberse quedado en el tiempo. Sigue detrás de un micrófono y hasta se animó a postularse como intendente en las últimas elecciones. "Perdimos por pocos votos, ya habrá otra oportunidad", concluyó.

El asado reúne a sus hijos y amigos


Jorge viene casi todos los años a Centenario y recorre también gran parte de la provincia. Visita a sus dos hijos y amigos que quedaron desperdigados y aquellos con los que aún tiene contacto por las redes sociales. Sus vacaciones pasan por recordar esas anécdotas, que aún lo mantienen en vinculación con esta tierra.

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