Una alegría cada tanto
Y con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas”, dice la letra de “Fiesta”, la canción de Joan Manuel Serrat donde describe a todo un pueblo movilizado, festivo y alegre tras la celebración religiosa de San Juan Bautista.
En la Argentina hubo algo de eso este sábado. O tal vez mucho. Fueron horas de felicidad plena que compartieron todos, sin distinción, tras la consagración de la Selección Nacional en la Copa América.
Fue mucho más que un festejo por el resultado de un partido y por las estadísticas esquivas que venía sufriendo el equipo mayor del fútbol argentino en los últimos 28 años. Fue un desborde emocional para millones de personas que padecen desde hace tiempo las miserias de la crisis, la indiferencia y el odio que transpira la política y las injusticias de todo tipo, ahora mucho más acentuadas por la angustia y la incertidumbre que genera la pandemia.
Claro que fue una explosión de sentimientos que estaban contenidos en una olla a presión. Por eso los festejos hasta el amanecer, los abrazos apretados en las calles, las juntadas de familiares y amigos para ver el partido, aun con el acecho de la peste.
El fútbol les dio a todos los argentinos algo que hoy pocos sectores de la sociedad pueden dar, aunque fuera efímero, volátil, y emocionante solo por algunas horas.
Al día siguiente, como en la fiesta de San Juan, cada uno volvió a su realidad y a su mundo de ricos y pobres, de buenos y malos, de célebres y olvidados.
Y cada uno despertó de su sueño con una sonrisa. Y también con un recuerdo para la colección de cosas lindas.
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