Una historia cruzada por el cirujeo y los libros

Los Riquelme juntan cartón para sostenerse. Son 12. Los chicos ayudan y estudian.

Pablo Montanaro
montanarop@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Se las puede ver empujando los carros por las calles de la ciudad juntando cartón, papel y cualquier otra cosa que se pueda aprovechar. Cuando la carga es pesada y generosa, se vuelven charlando y riendo por la calle Alderete hasta llegar a su humilde casa en pleno corazón del barrio Sapere. Andrea, de 21 años, y Silvia, de 19, saben que cumplieron una vez más con su digna tarea, ya que lo recolectado ayudará a la economía de su numerosa familia. Pero no son ellas las únicas que al caer la tarde le ponen fuerza para hacer andar el carro y buscar los ansiados "tesoros"; también algunos de sus hermanos se suman a la tarea, como el caso de Juan (17) o Gianella (11).

Estos chicos aprendieron de sus padres a sortear las limitaciones y dificultades económicas. "En la crisis de 2001, con Juan, mi marido, salimos a la calle a cartonear; a él no le salían changas en la construcción, así que decidimos hacerlo", cuenta Celina Rivera, mientras amamanta a Ester, su hija menor. Desde hace veinte años, Celina y Juan Riquelme viven en esta casa junto a sus 10 hijos (tres varones y siete mujeres) que van de un año a los 23.

Entre las changas en la construcción que hace su marido, la pensión por ser madre de más de siete hijos que recibe Celina y lo que recaudan de la venta del cartón y papel, entre otros materiales que recogen, la familia Riquelme afronta el diario acontecer. Y además les permite mantener los estudios de sus hijos. Porque si hay algo que prevalece en esta modesta familia es la incentivación para estudiar. No sólo estos chicos cursan la primaria y la secundaria, sino que también estudian o se capacitan en carreras terciarias (ver aparte).

Salir a la calle y juntar cartones nos ayudó a no depender de otros. Con esto aprendemos a ser alguien en la vida".Silvia Riquelme

"A mí me gusta salir a buscar cartones y papeles, además porque muchas veces encontramos cosas que podemos utilizar en la casa o bien la gente nos regala ropa", dice Andrea. Su hermana mayor, Natalí (23), deja un momento la masa de las tortas fritas que en un rato disfrutará toda la familia y comenta que Andrea estudió criminalística y que quiere ser policía. Natalí también salió tiempo atrás con el carro, pero lo que más le gusta es estudiar. Ya pasó por fotografía, corte y confección y hasta hizo un curso de gasista, pero su más ansiado sueño es confeccionar ropa. "Nos gustaría en algún momento tener un sueldo fijo así mi papá deja de trabajar. Ya nos pagó muchos estudios y creo que nunca le vamos a poder devolver todo lo que nos dio", explica emocionada.

"Andar por la calle juntando cartones no es ninguna deshonra", afirma Silvia, quien terminó este año la secundaria con muy buenas notas en el CPEM 19 y hace un rato llegó con su padre y su hermano Juan del barrio Hipódromo, donde los ayudó a hacer el contrapiso de una casa. Silvia empezó a juntar cartones a los 6 años de la mano de sus padres y lo sigue haciendo porque, según cuenta, le gusta ganarse las cosas con esfuerzo porque así se lo enseñaron.

Casi todos los días de la semana durante cuatro o cinco horas, Silvia junto a algunos de sus hermanos hacen el recorrido enganchando los carros detrás de las bicicletas. "Traemos los cartones y papeles a casa; también juntamos cobre y aluminio, los clasificamos y semanalmente los vendemos. Pero para hacer buen dinero hay que juntar mucho porque un kilo de papel te lo pagan 50 centavos, el aluminio $3,50 y el cobre 35 centavos", describe.

"Quizás todo el esfuerzo que ahora estamos haciendo caminando con calor o con frío en el futuro nos servirá", dice Silvia. Su voz denota valentía y causa admiración.

Todos los hermanos comparten el gusto por la música

El gusto por la música une a los hermanos Riquelme, ya que son cinco los que asisten a la Escuela Superior de Música. Silvia prefiere tocar el saxo, Juan se inclina más por la trompeta. En tanto, Gianella, Javier (10 años) y José (8) por el piano, el bandoneón y el violín.

"Les enseñamos no pagarles por algo que no quieran hacer, no gastar la plata en vano. Ellos quisieron ir a estudiar música y hacemos un gran esfuerzo para que lo hagan. A la mañana van a la escuela de música, les encanta, y a la tarde al colegio", cuenta Celina, quien lamenta no haber hecho la secundaria; es que apenas terminó la primaria tuvo su primera hija, Natalí.

Los ojos de Celina se regocijan cuando habla de sus hijos. Cuenta que los sábados y domingos están todos juntos en la casa humilde, atiborrada de muebles, ropas y demás elementos que les regalaron o juntaron en la calle. Aunque no lo dice, se nota que cuando los fines de semana coinciden estar todos en la misma vivienda es muy feliz. "Y mi papá hace asado", grita uno de los chicos.

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