Una historia unida a la lucha por el cuidado del río Limay
Georgina Gonzales
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En su consultorio conoció a cientos de vecinos, quienes muchas veces le cuentan cosas que la sorprenden y alarman. "Te enterás de cada cosa", dice entre risas.
Si bien siempre tuvo un cariño por la naturaleza, se topó de lleno con el movimiento ecologista en la Escuela 240, cuando sus dos hijos eran alumnos. Y cuenta que en el Limay tiene sus mejores recuerdos: aprendió a navegar en kayak, conoció toda su cuenca y hasta bebió su agua sin miedo a quedarse para siempre en Neuquén, como marca la historia.
Alicia recuerda que alrededor de la escuela donde iban sus hijos era todo chacra, por lo que las hojas secas de los álamos invadían el suelo en otoño. Y, según rememora, en aquella época era normal que los porteros las quemaran, al igual que las hojas de papel usadas.
Pero la escuela ya había comenzado su proyecto ecológico, y entre los papás y maestros realizaron un gran pozo para tirarlas y luego hacer compost para abonar una huerta. Y así se puso al hombro mantener estos cuidados, al igual que la recolección de botellas de vidrio y latas de aluminio. "Había un programa con el que nos ganamos una computadora. Una computadora cuando era realmente un lujo tenerla. ¡Qué manera de juntar latitas!", recordó con una amplia sonrisa.
Alicia es reconocida en Plottier, entre otras cosas, por impulsar caminatas de limpieza por la ciudad, redactar la carta ambiental de la localidad y coordinar huertas y jornadas con el objetivo de plantar árboles. También creó la Asociación Ambientalista Rincón Limay, con la participación de otras madres del colegio interesadas en el medioambiente.
El futuro que intenta cambiar
Desde la organización, Alicia trabaja para que todos los chicos sean conscientes del cuidado que necesita el río Limay, de la importancia de resguardar la fauna y la flora autóctonas, y de no permitir que las empresas lo contaminen con sus desechos.
Tenaz y luchadora, se puso al hombro muchas luchas por el resguardo del medioambiente en general. Batallas que hoy, con el paso de los años, siente que perdió. Basta con observar el avance indiscriminado de los loteos a lo largo y ancho de Plottier.
Sin embargo, nada la detiene e insiste. Y pelea para que todos entiendan que el río es una cuenca y que, aunque en Plottier la preocupación pasa por la falta de funcionamiento de la planta de tratamientos de líquidos cloacales, se sepa que el Limay recibe desperdicios desde Bariloche hasta Viedma.
Aunque desde su llegada a la ciudad hasta la actualidad vio el incesante daño que recibieron las aguas del río, está convencida de que hay jóvenes comprometidos en el cuidado del medioambiente y que son mucho más responsables que unos cuantos adultos.
"No les queda otra; les estamos dejando una porquería", dice con algo de resignación.
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