Una injusticia para revisar

El sistema de Lifune fue creado para darles impulso a las formativas. Cumplió, pero a veces es muy injusto.

Los desatinos de los promedios que usa la AFA desde hace casi 40 años ya no sorprenden a nadie. El sábado, Rosario Central y Patronato jugaron un partidos de “12 puntos”. Es que el Canalla llegaba a la cima de la Superliga si ganaba el duelo y el Patrón se ponía como escolta si sumaba de a tres. Pero en realidad jugaban una final por la otra tabla, la de los promedios. Empataron, y si el torneo terminara hoy, jugarían un desempate para ver cuál de los dos desciende. Pero faltan varios meses y los dos pueden dar pelea por el título mientras luchan por mantenerse en Primera.

Esas incongruencias del sistema de promedios que usa el fútbol grande, y que desde hace años amenazan con sacar y no se animan, se vivieron este fin de semana en Lifune, con otro sistema que fue creado con una lógica que sirvió: fortalecer las divisiones inferiores y castigar a aquellos clubes que no presentaban sus equipos. Pero que conlleva injusticias que cuesta mucho explicar.

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El sábado, los pibes de la sexta división de Independiente ganaron su partido y dieron la vuelta olímpica en La Chacra. Se fueron a dormir felices, llenos de gloria. Aunque también preocupados. Es que unas horas después, apenas pasado el mediodía, por los resultados del resto de las categorías que suman en la tabla general, se fueron al descenso. Así de rápido. Así de extraño.

Los promedios de AFA, creados en el inicio de los 80 para ayudar a los grandes a no descender, ya hace tiempo que debieron jubilarse, incluso con los descensos de San Lorenzo, Racing, River e Independiente sobre sus espaldas. El sistema de Lifune, que puede mandar a la B a un grupo de pibes que hace las cosas bien y da la vuelta olímpica, también podría revisarse.

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