Una isla, pero a veces no tanto

Para buena parte del país, Neuquén es Vaca Muerta, esa formación geológica que está a centenares de metros bajo la superficie, emparentada más con un lugar que con una fuente colosal de recursos en las profundidades. Así, miles de argentinos la ven como la suma de todas las posibilidades, la chance de cumplir los sueños a los que el laburante medio puede aspirar. En parte, es verdad. Una isla, se dice, con bastante razón, si se mira parte de los indicadores que dan cuenta de la actividad económica de la provincia: al tope en consumo de hipermercados, al tope en la creación de empleo privado, por citar casi dos lugares comunes. Al mismo tiempo, para miles de neuquinos, esta provincia, esta ciudad, sigue siendo desigual, asimétrica. Hay situaciones estructurales que requieren de decisiones y de acuerdos políticos, pese a un contexto que casi todas las provincias del país podrán envidiar. Sigue siendo una deuda pendiente cierto margen de diálogo y la búsqueda de acuerdos. Un caso arquetípico es el del contrato de concesión del EPAS en esta ciudad. El ente que da el servicio de agua es algo así como un factor de confrontación entre el Municipio y la provincia. Hace años que no existe margen para acercar posturas y solucionar el evidente problema del tratamiento del agua (y la contaminación de los ríos, y la eterna rotura de calles y su correlato de facturas políticas cruzadas en los medios). Casos como este dan forma a ese momento donde la isla se vuelve parte del más estricto territorio (de la política, de la falta de decisiones, de los lugares comunes). Es el mismo momento, también, en el que las oportunidades tienden a parecerse a otra cosa, casi lo opuesto, pero claramente no a una isla.

La política tiene deudas pendientes con los problemas estructurales de la ciudad y el resto de la provincia.

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