Una leyenda eterna
La dimensión de un deportista se explica por las huellas que deja en aquellos que lo disfrutaron dentro de una cancha. También, por el dolor que genera su partida. Los números de Kobe Bryant podrían describir lo que significó para la NBA, para el básquet mundial, pare el deporte. Algunos lo ubican solo detrás de Michael Jordan en toda la historia, otros le dan algo menos de crédito. Pero el dolor por su inesperada muerte a los 41 años mostró lo que generó en la gente y entre sus colegas su particular juego, su talento individual, su destreza goleadora, su ambición por el triunfo, su enorme ferocidad competitiva, esa que lo llevó a despedirse de Los Lakers y del básquet con 60 puntos en su último partido.
“Amaba a Kobe, era como un hermano pequeño para mí. Era una fiera competitiva, uno de los mejores de este deporte y una fuerza creativa”, dijo ayer Jordan. Los que no llegaron a ver al mejor MJ, vieron desde entonces en Kobe a un alumno que se le pareció mucho tratando de imitar sus movimientos y su éxito, sin superar al maestro pero logrando cinco títulos de la NBA, dos medallas de oro olímpicas, con noches implacables que lo transformaron en una figura de talla mundial. Por eso el duelo es tan grande, por eso el impacto de la noticia que corrió por las redes sociales generó semejante estupor. Tenía 41 años, lo querían todos los que lo conocieron dentro y fuera de la cancha y había forjado una amistad con los futbolistas que admiraba, como Messi, por haber heredado de su padre la pasión por el fútbol. Él había soñado con ser como Maradona y se hizo fan de Leo. Los dos lo despidieron con emotivos mensajes. Porque su partida no la llora solo el básquet. Porque Kobe ya es una leyenda del deporte.
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