Una limpieza que lo ensucia más

Quizás no haya nada más repudiable que la denuncia que pesa sobre Rodrigo Eguillor. Nada lo podría convertir en una peor persona que la mera sospecha de que drogó, violó, secuestró y atacó a una mujer, quien llegó a intentar escaparse por un balcón y suplicar por ayuda en medio de la calle.

O quizás sí. Quizás su vano intento por limpiar su nombre lo haya ensuciado todavía más. Y lo que pesa sobre él ya no es sólo una sospecha de abuso sino la certeza evidente de su misoginia.

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En un video a través de Instagram, el acusado se ocupó de aclarar que era demasiado lindo para recurrir a la violación, mientras ofrecía detalles íntimos y degradantes sobre su víctima. Clasificaba a las mujeres, como objetos, según el barrio donde vivían, lo que permitía dividirlas entre “gatos” y “minas de bien”.

Lo que pesa sobre Rodrigo ya no es una sospecha sino una certeza evidente de su misoginia.

Hablaba de conquistas y no de relaciones consensuadas entre dos personas iguales.

En apenas quince minutos de alocución, Rodrigo se ocupó de denigrar a las mujeres, a los pobres y las personas que tienen problemas de salud mental. Como si sobre él recayera un velo de superioridad que le permite menospreciar a los que considera vulnerables.

Lo que determine la Justicia sobre esta denuncia se archivará como un caso más, o como una posible condena que engrosará los hechos de violencia de género que no paran de suceder. Pero el verdadero problema no está sólo en un hecho asilado, sino en el pensamiento machista de Rodrigo, que no es más que una alegoría de lo que piensan muchos y que sustenta un sistema que oprimió, oprime y seguirá oprimiendo a la mujer.

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