Una luchadora que ya es parte de la historia del hospital Burdes

Tan grande como Mariano Moreno, la querida Coto continúa caminando las calles del pueblo con sus 76 años. Todos consideran que es un ejemplo de vida, sacrificio y dedicación por y para la salud pública de Mariano Moreno.

Fabián Cares

Especial

MARIANO MORENO

La historia de las instituciones se construye a través de las vivencias de quienes trabajan en ellas y muchas veces esas personas aportan tremendos esfuerzos, ganas, pasión y sacrificio para marcarles el camino e imprimirles un sello de desarrollo que logra consolidarlas en el tiempo.

Este es el caso de Clotilde Campos, quien con su trabajo escribió un importante capítulo en la trayectoria del Hospital Carlos Burdes, que ya cumplió 54 años de vida desde su fundación el 7 de marzo de 1964.

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Esta mujer, conocida por todos como Coto, se convirtió por designios de la vida en una de las primeras enfermeras que se desempeñaron laboralmente en una de las antiguas salitas de primeros auxilios y luego del hospital.

Al relatar parte de su vida exhibió orgullosa un pergamino y una plaqueta que le fueron entregadas por su abnegada labor durante poco más de tres décadas. A sus primeros años de existencia los definió como “muy felices”. Su ciclo primario lo terminó en la Escuela N° 36.

En su adolescencia trabajó de maestranza en varias casas de familia del Barrio Militar de Covunco Centro hasta que un curso de capacitación en enfermería le permitió acceder a una plaza laboral en el Hospital Militar del RIM 10. Tras brindar allí por largos años sus trabajos sanitarios, se trasladó a la salita de primeros auxilios instalada en lo que es hoy el Registro Civil (habiendo abandonado esta ya su primera ubicación).

Allí, junto con la esposa del comisario Andrés Leónidas Botto, mantuvo con ganas y esfuerzo el funcionamiento del centro sanitario.

“Antes teníamos que salir a hacer las inyecciones casa por casa. Era muy duro, sobre todo en invierno, pero igual teníamos que ir”, rememora con orgullo. También comentó que más de una vez, desafiando fríos extremos, se tuvo que ir a caballo para llegar a colocar las inyecciones a El Puente y otros parajes cercanos en los que los accesos eran prácticamente imposibles. “Muchas veces vadeamos el río a caballo con la ayuda de vecinos para poder llegar a cumplir mi trabajo”, cuenta Clotilde.

Tras la inauguración del hospital trasladó allí la experiencia laboral adquirida en los precarios centros asistenciales de entonces. “En los primeros tiempos usábamos un calentador a kerosén para esterilizar las jeringas, después todo se fue modernizando”, dice Clotilde.

También guardó palabras de elogio y agradecimiento para el doctor Ricardo Diblasi, de quien recuerda que “era una persona que amaba su profesión y que por ello se ganó el respeto y la admiración de todos nuestros vecinos”.

En los primeros años de trabajo, Clotilde cuenta, además, que ante la escasez del servicio eléctrico realizaban los partos a la luz de faroles, y los niños nacidos prácticamente se transformaban en “sus hijos del corazón”. Un vínculo de cercanía y amor inmediato.

Entre sus primeras compañeras de trabajo recuerda a las hermanas Julia y Eva Matías y a Ana Llanquileo.

Todos los sufrimientos que supo padecer hoy prescribieron por el paso del tiempo y por el recuerdo del inmenso amor con el que encaró y desarrolló una profesión que aprendió de oficio en la vida y que perfeccionó después con intensivos cursos y talleres, ya que siempre tuvo como destinataria “a la gente de mi pueblo”.

Agrega también: “Es una alegría muy grande que aún tengamos el hospital de pie para servir al pueblo y que ya no tenemos que viajar a Zapala para recibir asistencia médica”. E indica: “El hospital es una verdadera reliquia para Mariano Moreno”.

La charla transcurre entre medio de los recuerdos y las vivencias que tiene Clotilde. Todos sus relatos son serenos y cargados de nostalgia.

La enfermera pionera piensa y se ríe mientras toma la infusión en el mate que le regalaron cuando el centro de salud cumplió su 50° aniversario, en el 2014.

Todo comenzó con una pequeña sala

El hospital de Mariano Moreno se encuentra en funcionamiento desde el 7 de marzo de 1964. Hasta entonces sólo se contaba con una salita de primeros auxilios sin médico estable. La misma institución con los años pasó a ser un hospital rural con el apoyo permanente de un profesional médico, quien cumplía las funciones de director. Desde entonces cubre la prestación del servicio de salud para la localidad y los parajes de influencia. Hoy recibe el nombre de Hospital de Área Dr. Carlos Burdes y alcanza una complejidad de Nivel III.

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