Villa La Angostura debe ser uno de los destinos más exclusivos que tiene la provincia de Neuquén en materia turística. Sus paisajes paradisíacos, sus aguas azules y profundas y sus montañas la convierten en un lugar ideal para pasar las vacaciones. Sin embargo, la terminal de ómnibus deja mucho que desear.
El sábado temprano a la mañana llegué a esa localidad para pasar dos días y me encontré con un panorama realmente increíble, muy lejano al que imaginaba sobre lo que considero es la puerta de entrada que tiene la ciudad.
Junto al micro que me trasladó llegaron casi al mismo tiempo otras unidades con turistas que se llevaron la misma impresión que yo. Los baños de la terminal de ómnibus prácticamente no se podían utilizar. El olor a orina y a excrementos llegaba hasta la calle.
Los pisos estaban sucios, mojados, repletos de mugre. Para colmo, en uno de los sanitarios había un enorme perro callejero tomando agua del inodoro que en ningún momento se movió del lugar, lo que hizo que quienes teníamos intenciones de ir al baño desistiéramos inmediatamente.
Una pareja de ancianos que se encontraba al lado mío no salía del asombro al ver las condiciones en las que estaba el lugar. “Es un asco. Nunca me hubiera imaginado un lugar así”, resumió el hombre.
No sé si fue por la hora de llegada del colectivo o porque era un día no laborable, pero indudablemente no hay excusas.
La Angostura, el lugar más exclusivo que ofrece la provincia de Neuquén, debería tener en cuenta estos detalles, con el convencimiento de que la villa vive de lo que deja el turismo. Y esa no es la mejor forma de incentivarlo o promoverlo.
Muchos de los pasajeros se quejaron por el estado en que se encontraban los baños de la terminal de La Angostura.


