El clima en Neuquén

icon
20° Temp
49% Hum
La Mañana Ucrania

Viaje al infierno en busca de quienes quedaron atrás

Historias de ucranianos que vuelven a su hogar tras las bombas. "Todavía tengo miedo, pero es mi hogar", expresó a una ciudadana.

En su entrada principal, la estación de trenes de Lviv tiene una vieja pantalla eléctrica en la que se anuncian los horarios de los trenes, similar a las que hay en tantas otras ciudades del mundo. Sin embargo, con la guerra en Ucrania aún encendida, ya casi nadie levanta sus ojos para observarla. No tiene sentido. Los trenes que llegan y salen de esta ciudad del oeste de Ucrania aparecen cuando pueden, y la precisión horaria es una quimera que los desplazados ucranianos padecen sin gritos, ni quejas, cargando sus vidas en atestadas valijas, bolsas de plástico, y mochilas.

Ahora, cuando este hormiguero de desesperados ha disminuido en número y consistencia después de semanas de llegadas masivas, han aparecido aquí mismo otras almas en pena que no hacen el viaje que la mayoría de los que han huido hicieron antes que ellos, yendo desde las primeras líneas de batalla en el este, norte y sureste de Ucrania hacia el más tranquilo oeste y los países europeos limítrofes con Ucrania.

Hacen la travesía al revés, del Oeste hacia el Este. Allí donde la guerra es el infierno de una bomba o un misil que cae cerca, y mata a madres, hermanos e hijos. No se trata de pura valentía. Es, además, un reflejo de la complejidad de guerra. La voluntad de volver donde están amigos y familiares que no se han podido ir, y que siguen bajo la carnicería de la guerra.

image.png

El momento histórico que les ha tocado vivir es terrible, pero el instinto de supervivencia ha prevalecido. Lo explica muy bien, aunque casi entre sollozos, un padre que se dirige hacia la martirizada ciudad de Mariupol. "Fue un horror tener allí, en Mariupol, a mis dos hijos pequeños, solos con mi primera esposa y yo lejos, sin posibilidades para regresar rápidamente para ayudarlos y salvarlos", afirma el hombre que, por miedo, pide guardar el anonimato poco antes de abordar un tren en dirección a la ciudad de Dnipro. "Desde hace días no sé nada de ellos, si están muertos o están vivos", añade.

Otra es la historia de Oksana, cuyo esposo es militar y quien vive en Kiev. "Regreso a mi ciudad pues la situación está menos tensa, y quiero estar con mi marido. Aún tengo miedo pero ese es mi hogar", cuenta.

Como decenas de ucranianos, Dima, un baterista, decidió no quedarse con los brazos cruzados y se ha organizado junto con un amigo, Vadim. Con un gastado furgón blanco, llevan ayuda humanitaria –medicinas, ropa, bolsas de dormir- desde el este hacia el oeste de Ucrania, y ayudan a evacuar a vecinos que escapan de los continuados bombardeos del Ejército ruso y que se encuentran en los dos días del camino hacia su destino, a unos 1.500 kilómetros de distancia.

"La primera vez lo hice para mis amigos, y luego para los amigos de mis amigos. También ayudé a mi familia, no querían irse de casa porque era duro para ellos", afirma Dima que, en su teléfono, conserva imágenes de lo que se va encontrando en el camino, del humo y de la destrucción.

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas