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Viale, un adelantado

No por sacarle el jugo al periodismo bizarro dejó de ser un profesional con todas las letras.

Supo romper récords de audiencia “con nada” y en tiempos en los que no se ponía tanto el acento en las ahora tan de moda “métricas” (ni más ni menos que el rating). Supo patentar un latiguillo futbolero que se recuerda hasta el día de hoy: “¿Quién mueve? Muevo yo, Mauro...”. Pionero en el legendario Fútbol de Primera en recordada dupla con Macaya Márquez y uno de los primeros grandes relatores de los partidos televisados, antes de la irrupción de Araujo y con mucha antelación a “los Closs y Vignolo” de estos tiempos, Viale dio su vida en pos de su amada actividad.

Para los que se quedan sólo con la imagen del periodismo bizarro al que le sacó el jugo, basta con repetir una frase que Guillermo Salatino, prestigioso colega especializado en tenis, ofreció ayer en el programa radial de Gustavo López.

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“Fue el mejor productor con el que trabajé en mi vida. Un loco del laburo. Trabajaba 25 de las 24 horas del día”, lo recordó Salata.

Pues bien, a pesar de los prejuicios, de su perfil polémico, de su estilo jugado y excéntrico que podía gustar o no, cabe reconocer que Mauro Viale fue un adelantado en lo que hizo.

Y un gran profesional. Porque muchos confunden esa búsqueda del éxito casi a toda costa con un periodista mediocre. Y lejos estuvo de serlo quien se peleó en vivo a las piñas con Samid, quien “inventó mediáticamente a Samanta y Natalia” en el marco del Caso Cóppola.

Por el contrario, fue un periodista hecho y derecho, de raza. Capaz de realizar con éxito cualquier tarea. De crear e innovar en una profesión en la que muchos se tiran a chanta y hacen lo justo y necesario.

Mauro Viale transpiró la camiseta. Fue, sin dudas, un groso del periodismo.

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