Después de haber denunciado centenares de veces a su ex, Belén decidió hacer pública su situación porque ya está cansada. Dice que necesita ayuda y que no quiere que su caso se olvide en una semana como ocurre con tantos otros. Dice que hace unas semanas su ex le dijo, amenazante: “Un tiro mío es más rápido que tu botón antipánico”. Lo peor de todo es que ella cree que es verdad. Es que a pesar de las denuncias, de las perimetrales, del botón antipánico, su ex ya intentó matarla cuatro veces. En 2016, fue condenado a una pena condicional de seis meses por daños, lesiones leves y amenazas. Sin embargo, después de eso volvió a atacarla al menos otras dos veces. Las denuncias de Belén se apilaron en despachos del Juzgado de Familia y en la comisaría de Centenario. ¿No hay comunicación entre el fuero de familia y el penal cuando una mujer que sufre violencia de género es una potencial víctima de femicidio? En los últimos diez años, muchas de las 45 mujeres que fueron asesinadas por sus parejas o ex parejas en nuestra provincia antes habían denunciado. Denuncias por maltrato, violencia física, psicológica, abusos que no se toman en cuenta hasta que ya no hay nada más que hacer. ¿Qué pasa cuando las vidas de las mujeres dependen de los vaivenes burocráticos del Poder Judicial? ¿Qué se hace cuando a pesar de los continuos pedidos de ayuda, del otro lado nadie atiende? Pienso en Sandra Merino, en Laura Painefilú, en Karina Apablaza y en todas las que denunciaron antes de ser asesinadas. Pienso en todas las denuncias que se van apilando en despachos, dentro de los cajones, y en cómo la historia de estas mujeres podría haber sido distinta. Pienso en que quizás ahora, con Belén, estén a tiempo.
“Un tiro mío es más rápido que tu botón antipánico”, le dijo su ex a Belén, en una de las tantas veces que la amenazó.


