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Videla: ideólogo de una dictadura que destruyó la economía nacional

Derrocado el gobierno de María Estela Martínez de Perón, Videla designó como ministro de Economía a José Alfredo Martínez de Hoz, ejecutor e ideólogo de un plan que pudo ser impuesto a partir de la actividad represiva del Estado.

Buenos Aires .  - El plan de aniquilación liderado por el fallecido dictador Jorge Videla en la última dictadura se complementó con un programa económico que terminó destruyendo la industria nacional, borró derechos laborales, disparó la devaluación, generó un perverso juego financiero en perjuicio de la actividad productiva y multiplicó por seis la deuda externa.

Derrocado el gobierno de María Estela Martínez de Perón, Videla designó como ministro de Economía a José Alfredo Martínez de Hoz, ejecutor e ideólogo de un plan que pudo ser impuesto a partir de la actividad represiva del Estado.

Un ejemplo nefasto del resultado económico fue el exponencial aumento de la deuda externa -que incluyó la estatización de obligaciones privadas-, al pasar de de 7.875 millones de dólares a fines de 1975 a 45.087 millones al cierre de 1983.

Fue el fallecido dictador el principal sostén de Martínez de Hoz en el Gobierno (hasta la renuncia en marzo de 1981), cuando, en 1979, los demás integrantes de la cúpula militar lo cuestionaban duramente y exigían su renuncia.

"Videla tuvo la decisión de instrumentar en la economía la estrategia del terror que se seguía en el plan genocida", reseñó el diputado por Unidad Popular Claudio Lozano.
El programa económico fue presentado el 2 de abril de 1976 y tenía como propósito frenar la inflación, estimular la inversión extranjera y una brusca reducción de los aranceles, que llegó a su máximo en 1978.

En esos primeros años de dictadura y siguiendo los lineamientos de la neoliberal Escuela de Chicago -de la que Martinez de Hoz era uno de sus principales referentes locales-, hizo una indiscriminada apertura de importaciones que, como un castillo de naipes, derrumbó la industria nacional.

Así, cerraron sus plantas General Motors, Peugeot, Citroën y Chrysler, Siam, Decca (Deutz-La Cantábrica), Aceros Ohler, Tamet, Cura, Olivetti, y miles de pequeñas y medianas compañías.

En 1980, la industria había reducido un 10 por ciento su participación en el PBI y en algunos rubros, como el textil, había caído un 15 por ciento.

Se pasó así de un modelo de industrialización hacia otro de acumulación de divisas que se conoció como "bicicleta financiera", una carrera del peso contra el dólar que terminaría destruyendo el ahorro nacional.

"Las grandes empresas tomaban crédito en el exterior, lo colocaban en plazos fijos, valorizaban el monto prestado, y lo fugaban hacia las casas matrices o hacia sus propias cuentas en el exterior", describió con particular sencillez el ya fallecido politólogo Guillermo O´Donnell.

Con la llegada de la "plata dulce" y el "deme dos" en Miami, Brasil y Uruguay, fue avanzando un plan económico que iba a dejar a millares de argentinos en la pobreza, el desempleo y la desesperanza.

Ese perverso juego financiero provocó una catarata de quiebras entre los bancos locales, cuyos pasivos fueron asumidos por el Estado nacional, dejó un tendal de ahorristas sin sus recursos, aumentó la demanda de dólares y la fuga de divisas.

Para frenar la suba de precios, la dictadura encabezada por Videla creó dos tipos de cambios: el financiero y el comercial para las exportaciones y Martínez de Hoz pasó a ser el ministro de la "tablita", que fijaba una inusual devaluación gradual en la paridad con el dólar.

En aquellos primeros años hubo también un plan sistemático de destrucción de empresas, pero a través de métodos más directos: obligar a sus dueños a venderlas o transferir acciones o llevarlas a la quiebra.

Actualmente, la Justicia argentina investiga más de 600 liquidaciones de compañías realizadas en los primeros años de la Dictadura, que para cometer esas acciones delictivas utilizó grupos de tareas.

Estos grupos estaban integrados por personal de la División Bancos de la Policía Federal, del Banco Central y la Comisión Nacional de Valores y tenían como objetivo amedrentar y extorsionar empresarios.

La política laboral fue también complemento y eje del programa económico: prohibición de huelgas e intervención de los sindicatos para lograr el congelamiento de salarios.

El sueldo real tomado sobre una base de 100 en 1970, había llegado a 124 en 1975 y en 1976 se hundió a 79, el nivel más bajo desde la década del 30.

La pobreza que desde 1940 se ubicó debajo del 10 por ciento, y que era inferior al 6 en 1974, trepó al 12,8 en 1980 y superó el 37 en 1982.

La desocupación estaba en el 3,8 por ciento en 1975 y alcanzó un pico del 6 por ciento en mayo de 1982.

Videla delegó el poder en Roberto Eduardo Viola y Martínez de Hoz dejó también su lugar en manos de Lorenzo Sigaut, el ministro que pasó a ser recordado por su frase: "El que apuesta al dólar, pierde". (NA) . –