Vinos y amigos: dos caras de una misma moneda

Algunos tintos son intensos como algunos amigos, otros son fieles y siempre están cuando uno los necesita, y otros es como si no les hubiera pasado el tiempo.

Joaquin Hidalgo

Especial

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El próximo 20 de julio es el día del amigo. Curiosidad nacional, bien pensado vinos y amistad tienen muchos puntos en común. Tanto como para ser las dos caras de una misma moneda, que, como las mismas monedas, dan cuenta de muchos vaivenes.

Pero si para muestra basta un botón, el próximo 20 de julio se cumplirán 50 años desde que el hombre llegó a la luna y algún lunático propuso el día del amigo. Entre brindis y largas charlas, estarán los amigos que dirán que todo es mentira y los que sostendrán a rajatabla la llegada del hombre al satélite natural. En ese solo escenario de entre copas, a favor y en contra, se cumple uno de los primeros maridajes entre la amistad y el vino. Pero hay más.

Verso y reverso

El vino y la amistad son dos caras de una misma moneda. Comparten valores de hecho: algunos tintos son intensos como algunos amigos, otros son fieles y siempre están cuando uno los necesita y otros, aunque sabemos que no es así, es como si no les pasara el tiempo. Hay valores de la amistad, sin embargo, que el vino no siempre cumple.

Por ejemplo, mientras que la irreparable traición de ciertos amigos puede ser un momento amargo en la vida, los vinos no traicionan nunca. A lo sumo no cumplen, que es distinto, como esos amigos periféricos que confirman el martes para no ir el sábado al partido sin otra explicación que el silencio.

Pero entre las comparaciones que no se pueden establecer entre vino y amigos, la más verdadera es la de la botella: mientras que una vez descorchada las botellas se terminan, los buenos amigos nunca se agotan. A lo sumo pasan períodos largos de hibernación, en los que no hay otro vínculo más que el pasado, pero siempre se vuelve a ellos. Y en eso, por curioso que parezca, el vino con el vino pasa lo mismo.

Iniciaciones

Los primeros tragos siempre son con esos amigos que también siempre estarán ahí. Si hablamos con un guiño legal, en torno a los 18 años uno hace amistades en comidas y trasnoches donde nunca falta un vaso de vino (para la llegada de las copas hará falta tiempo). Aunque una vez que entran los amigos y los vinos a la vida, es difícil un asado sin que haya una buena cuota de uno y de otro.

Testigos ambos de las rupturas, cuando las parejas fallan y uno queda otra vez solo en la vida, ahí están esos dos inseparables para traer algo de consuelo y devolver las risas. O cuando los tropiezos económicos marcan las suelas. O cuando los padres dejan este mundo para esperarnos en algún otro, ahí también uno encuentra a los amigos que se acercan a cenar, que consuelan con las charlas entre copas y copas, hablando de bueyes perdidos y encontrados como los vinos y los amigos. Bien mirado, que los amigos y los buenos vinos estén justo cuando uno los necesita pertenece al orden de los milagros cotidianos.

La misa sustancia

Hay proyectos de vino que nacieron de una amistad. Eso prueba, en buena medida, el rol inseparable de ambos. Y si algo tiene nuestra industria del vino, marcada por un espíritu entrepreneur, es que entre mesas y sobremesas de amigos nacieron muchas bodegas. La confianza que se deposita en los amigos, la energía que generan esas asociaciones a veces ilícitas, está hecha de la misma sustancia que requieren negocios como el vino: más ganas que dinero, más voluntad que resultados, más diletantismo que expertise.

De amistades así, por ejemplo, nacieron emprendimientos como Manos Negras –de los amigos Jeff Mausbach y Alejandro Sejanovich–; el salteño Mugrón, con cinco amigos enólogos que hacían asado en Cafayate; Abremundos, el proyecto vitícola y musical de Pedro Aznar y el enólogo Marcelo Peleritti; o Traslapiedra, cinco amigos músicos amigos de las sobremesas largas. Hay muchos más.

Envase familiar

Tanto será que la amistad y el vino van de la mano, que incluso tiene íconos culturales medido en litros. La hoy agonizante damajuana, por ejemplo, fue la medida universal de los encuentros de amigos, hoy reemplazada por los bag in box de 3 y 5 litros. Razones nunca faltaron para que sobre la mesa se estiraren las charlas y las copas. Por eso, mientras que la una y el otro son envases familiares pensados para una semana, en cuestión de amistad son one shot. De eso dan buena fe cantidad de argentinos que este viernes 20 de julio celebrarán el día del amigo, seguro copa en mano.

Cuatro opciones de hasta $250

Los amigos potentados puede comprar un buen bag in box de tres litros de Las Perdices Ala Colorada Red Blend (2017, $1060), mientras que los menos pueden caer con una botella del nuevo Don Valentín Lacrado Cabernet Sauvignon (2018, $169). En el medio, Eugenio Bustos Leyenda Malbec (2018, $175), Cruz Alta Malbec (2018, $221) y el rico Saurus Malbec (2018, $250).

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