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La Mañana

Yendo de la tasa al dólar

La economía transita aún la crisis generada por una corrida inesperada a cargo del JP Morgan en abril de 2018.

La tasa sube para que baje el dólar, pero el dólar sube porque Donald Trump tiró un par de tuits contra Irán o China, con lo cual también cayó el precio mundial del petróleo, que fluctúa según tantas subjetividades como razones sustentadas en variables objetivas de la economía mundial. Y la inflación argentina va y viene. Por temporadas sube descontroladamente y en otros lapsos se desacelera; aunque siempre está por encima de las negociaciones salariales de la mayoría de los trabajadores que tienen paritarias, siendo que un gran número de ellos ni siquiera gozan de ese derecho, puesto que se desempeñan en la informalidad.

“¿Quién entiende la economía?”, se pregunta la masa, mientras en los rincones los que entienden la economía se guardan los secretos y no dejan de concentrar la riqueza. “Algo huele mal en Dinamarca”. La frase que William Shakespeare incluyó en Hamlet viene como anillo al dedo para explicar el sentir de la ama de casa parada frente a la góndola contemplando los precios subir como un ascensor al cielo.

La economía argentina viene a los tumbos hace rato. No obstante, la crisis trepidante que se instaló desde el segundo trimestre del año pasado tiene una explicación. Y no es la que da el gobierno de Mauricio Macri. Ni el pasado ni la corrupción tuvieron nada que ver con la huida en un abrir y cerrar de ojos del JP Morgan del sistema financiero local. El 25 de abril, en poco más de una hora, el banco que había dado funcionarios y dólares a chorro al gobierno macrista había ordenado vender más de 800 millones de la moneda estadounidense invertidos en lebacs, para girarlos a otros rumbos. La operación fue descripta en detalle por el periodista Carlos Burgueño. Fue el inicio de la gran crisis.