Si te gusta la cocina tenés una buena cantidad de utensilios. Solo que con muchos de ellos no sabés ni cómo, ni para qué se usan, pero da seguridad tener el cajón de la cocina llena adminículos que dan testimonio de una pasión, de un profundo conocimiento, de un estatus.
Con el vino pasa lo mismo. Pero como en todo bricolaje están las herramientas preciadas por su calidad y están también las mañas. Pertenecer al mundo de los iluminados por el tinto y el blanco requiere un poco de ambos. A fin de cuentas, un conocedor no puede pasar por los cazabobos del negocio. Puestos a armar un kit de especialista en vinos, estas son las cosas (y sus sustitutos posibles) que tenés que tener:
Buen sacacorchos. Fundamental. Sin esta herramienta estás descalificado antes de empezar. Hay muchos tipos y medidas. Los más aconsejables son los que te hacen hacer menos fuerza: uno de dos tiempos puede ser difícil de manipular al principio, pero perfecto para todo lo demás; uno con tornillo de arquímides, se complica con los corchos rebeldes; mientras que uno de doble palanca desjerarquiza, pero cumple holgadamente su cometido. Muy pro es tener uno tipo AH SO, en forma de la letra π pero lo usarás una vez cada muerte de obispo.
Bomba de vacío. Para aquellos que son de poco beber es un invento necesario. Ni más ni menos que una bomba extractora de aire que evita la rápida oxidación del vino. Guardarlos en la heladera una vez abiertos, sean tintos o blancos, también es una buena idea. Una bomba así cuesta 3300 pesos con dos tapones.
Coravin. Es el más pro de los adminículos y es útil si tenés muchas botellas, ya que te permite beber por copas sin abrirlas. Consta de una aguja y una bomba inyectora de gas inerte, de forma que con cada inyección extrae una medida de vino. Cuesta unos 75.000 pesos y lo vale. A menos que seas pro, mejor gastate ese dinero en botellas.
Tapón de burbujas. Nadie le da mucha bolilla pero es fundamental. Para los que amamos las burbujas como aperitivo y no nos bebemos una botella antes de la comida, este adminículo es central. Se trata de un bozal que presiona desde las aletas del pico de la botella, de forma que una vez abierta conserva el gas. No es eterno, pero de hoy a mañana te estira el aperitivo. Cuesta unos 400 pesos en ML.
Cortagotas. El día que te cansás de lavar manteles y de limpiar la superficie de la mesa con las lunas de vino dibujadas, descubrís que el cortagotas es fundamental. Hay de dos tipos. Los que forman un anillo y adhieren al cuello de la botella; y los que se insertan en el pico y funcionan como un vertedor, casi siempre descartables. El que fuere. Es muy práctico.
Moneda de cobre. Así como en cada cocina hay un alambrito para destapar la bombilla del mate es recomendable también una moneda de cobre que usarás cuando el vino está reducido. Es sencillo: a aquellos tintos, principalmente, cuyo tufo inicial recuerde a huevo podrido, les dejás caer la moneda; el cobre captura rápidamente las moléculas fétidas y todo listo. No falla.
Botellón limpio. Puede ser un decanter, bien estilizado, pero también puede ser una botella de otro vino limpia o una jarra. Lo importante es que se use sólo para trasvasar esos vinos que llevan mucho tiempo encerrados en la botella. Un ida y vuelta entre la botella y el botellón hacen que se oxigene y gane intensidad de aromas.
Papel film. Es infalible. Aquellos vinos que tiene aromas de corcho se pueden limpiar si se los trata con papel film. El truco es hacer un chorizo delgado de film y sumergirlo en el vino. La electricidad estática hará su trabajo capturando esas moléculas indeseadas. No será decoroso, pero te salva una botella.
Encendedor. El vino no se fuma, eso está claro. Pero a veces en botellas algo viejas sucede que la resina que recubre el corcho se reseca y se convierte en un potente pegamento. Si al querer destaparlas el tapón no se mueve, calentar el pico de la botella con un encendedor puede ser una buena idea. Ojo: es entibiarla apenas, caso contrario se cocina el vino.
Un set de copas. El cristal es frágil. Y en algunas copas más que en otras. Pero hasta ahora es irremplazable para darse un gusto con un buen vino. Lo único imprescindible es que sean de cristal de alta resistencia. Hay muchas marcas: Rona, Bohemia, Chef & Sommellier. Las media docena se paga entre seis y ocho mil pesos. Hay más caras, también, como Riedel, Spiegelau y Zalto. Muy pro.
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