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8M: "Atiendo el comedor con mucho amor, yo también estuve de ese lado"

Claudia Neculman es impulsora del merendero y comedor Oveja Negra del barrio Los Álamos de Plottier. Se puso al frente del espacio luego de atravesar una dura situación: el abuso de sus hijas.

En otro 8M marcado una vez más por el reclamo de que cesen los abusos sexuales contra las mujeres, LM Neuquén realizó una serie de entrevistas a mujeres que cuidan todos los días, no solo a sus hijos e hijas, sino también a muchos otros. Mujeres poderosas que resguardan, alimentan y brindan amor, como lo hacen muchas.

Claudia Neculman es cuidadora de profesión, madre de dos hijas y una de las mujeres que se puso al hombro el comedor del centro cultural Oveja Negra del barrio Los Álamos de Plottier.

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Llegó a ese lugar luego de atravesar una de las peores cosas que le pasó en la vida: sus dos hijas fueron abusadas por un vecino y su derrotero judicial la encontró con otros integrantes de ese centro cultural, quienes la apoyaron en su reclamo y la convocaron a sumarse a ayudar.

Esa ayuda que empezó a brindar a los chicos y chicas pobres de la zona generó en ese momento oscuro de su vida una luz que la sacó a flote.

Claudia Neculman - comedor 8 M - 2

- ¿Desde cuándo funciona el comedor Oveja Negra?

Van a ser dos años. Es un centro cultural. Hoy tenemos 54 niños que atendemos con el merendero. Damos talleres, de guitarra, circo, reciclado, costura. Un montón de talleres, y también brindamos un espacio para los niños, niñas y niñes.

Tenemos también un taller adolescente en el cual vienen los chicos a compartir un espacio, un lugar, un tiempo de diversión, se distienden, charlamos, escuchamos música, jugamos. Y eso también está muy bueno, aporta algo muy lindo al barrio.

- ¿Y cómo llegaste a tener a cargo un comedor? ¿Cómo empezaste?

Pasé por una situación muy difícil en la que tuve que atravesar una denuncia por abuso sexual hacia mis hijas. Por un vecino, el padre de la amiga de mis hijas.

Imaginate que eso para mí fue muy difícil, muy duro. Primero escucharlo, y bueno, luego ir a hacer la denuncia, contener a las hijas. Yo tengo dos hijas, una de 16 y otra de 14. Y enfrentar todo eso para mí fue muy difícil, dejé de trabajar, dejé de todo, me estalló una bomba.

Para eso el centro cultural ya estaba funcionando, y en una de mis jornadas de volanteada y de escrache conocí a uno de los chicos. Charlé con él y desde ahí empezamos a tener un vínculo, empezaron a escucharme, a ayudarme, a contenerme y de pronto sale esto de empezar a hacer la leche, la merienda.

Cuando empiezo con la merienda sentí que todo lo negativo que me había dejado la denuncia, todos los sentimientos que eran de querer salir a matar, los pude transformar en algo positivo. Y esa fue mi calma.

- ¿Encontraste la calma en poder ayudar a otras personas?

Fue como la puerta, el alivio, porque pude transformar eso tan oscuro en brindar algo positivo. Porque yo no soy oscura, pero me sentí oscura, muy oscura.

Y también te sentís culpable, porque yo trabajaba 12 horas y mis hijas compartían mucho tiempo con esta familia. Entonces también transformar la culpa, de que no es tu culpa sino que la culpa es de un desgraciado, que es un abusador. Que no es un enfermo, sino un abusador, un pedófilo.

Al haber atravesado esa puerta, empecé a enfocarme y ver que encontré nuevamente la luz. Sentir el apoyo de mis hijas, sentir que de pronto mi hija más chica estaba con ataques de llanto, muy afectada, de pronto cuando ella me cuenta se liberó, se sacó esa mochila. Y eso es lo importante de creerle a los niños, yo les creí automáticamente. No lo dudé para nada.

Y si hay algo que agradezco de todo esto es que ellas me lo hayan contado. Es muy engorroso encarar una denuncia de este tipo, pero sí hay que denunciar.

Claudia Neculman final - Georgina González - 8 M.mp4

- En el marco de todo este trajín judicial que tuviste que llevar adelante, muy afectada porque estabas hablando de tus propias hijas, a la par empezaste con este comedor, con este merendero para los chicos de la zona este de Plottier. ¿Cómo vivís eso?

Es como que lo vivo a pleno, y no puede faltar nada y no me falta nada. Lo hago con mucha pasión, con amor y a conciencia. Esto de así nomás, no.

Yo también estuve de ese lado, me puedo relacionar con ellos porque yo me siento parte de ellos.

- ¿Por qué me decís que vos también estuviste de ese lado? ¿A qué te referís?

A los 14 años estuve en situación de calle, y si hay algo que me marcó y me enseñó en ese momento fue lo más difícil para una persona que sufre y que está sola, y que tiene hambre, es la indiferencia. Porque comer, por sentido común, uno come, yo sé lo que es comer de la basura. Pero que alguien te vea y no te socorra es duro.

- Y algo muy distinto les das vos a estos chicos ¿Qué les preparás?

Arroz con leche, mate cocido, leche con flan, facturas, pizza. Viste que también les preparo la cena, hasta la locura he cometido de hacer canelones, eran 500. Pero todo con mucho cuidado, con mucho respeto.

También quiero resaltar que a raíz de mi denuncia me di cuenta que cambió la mirada de muchas personas hacia mí. En el buen sentido, de que no me quedé en el lugar de víctima, sino en salir adelante.

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