A merced de un pervertido

Al profesor denunciado no le alcanzó con imaginarlas en la pileta. Instaló una cámara en el vestuario.

El ojo de la tormenta se posa nuevamente sobre un profesor de natación de un club neuquino, quien es investigado por filmar a escondidas a mujeres en el vestuario de la institución y difundir un video de contenido sexual. Sin embargo, el foco debería centrarse en la violencia ejercida por un hombre hacia un grupo de mujeres.

Es que el adulto responsable de ese deporte, un hombre de 30 años, violó la intimidad de las jóvenes que practican natación en ese club. Instaló una cámara oculta en el vestuario y las filmó cuando ellas se cambiaban antes y después de entrenar.

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Este acto no solo constituye un delito, sino que es una forma de violencia machista. El profesor, en su rol de hombre, colocó una cámara oculta solamente en el vestuario femenino. Si el objetivo fuera captar in fraganti algún acto sexual (como el que finalmente se difundió), tranquilamente también podría haber instalado una cámara en el vestuario masculino. Pero no lo hizo.

El profesor eligió espiar a las mujeres, saciando su deseo más carnal de goce sexual. Para este hombre, las mujeres son un objeto que se puede observar y espiar. No le alcanzó con “desnudarlas” visualmente en la pileta, sino que tuvo que violar la intimidad de las jóvenes para poder hacer realidad sus fantasías sexuales.

Claramente, lo que este hombre hizo fue un acto de violencia hacia la integridad de las mujeres. Fue un acto que en la calle se denomina “pajero”, “cobarde”, “machista”. Y las mujeres estamos cansadas de estar expuestas a que un “pajero” nos mire como objeto sexual y traspase todos los límites para saciar sus fantasías. El acto de este profesor es repudiable por su carácter de adulto responsable y por violentar a las mujeres.

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