Sri lanka. Las autoridades penitenciarias de Sri Lanka han recibido 102 candidatos dispuestos a trabajar como verdugos, incluyendo un ciudadano estadounidense, después de que el Gobierno decidiese reanudar la aplicación de la pena de muerte contra narcotraficantes.
“Ahora vamos a procesar las candidaturas y reclutar a dos candidatos adecuados dentro de poco”, explicó el portavoz del Departamento de Prisiones de la nación isleña, Thushara Upuldeniya. Eso sí, el estadounidense ha sido descalificado de inmediato: “Según los requerimientos, los candidatos deben ser ciudadanos del país”, dijo el portavoz, sin aportar más detalles sobre la identidad del aspirante a verdugo.
Sri Lanka busca cubrir el puesto, que ha estado vacante durante años en un país que no aplica la pena capital desde hace casi medio siglo, con dos hombres de “excelente carácter moral” de entre 18 y 45 años y que no hayan sido condenados por delitos o faltas de gravedad. No es la primera vez que las autoridades tratan de encontrar verdugos, pero en varias ocasiones durante los últimos años los candidatos seleccionados abandonaron la plaza antes incluso de acabar la formación.
El presidente esrilanqués, Maithripala Sirisena, se ha propuesto aplicar la pena de muerte a los delincuentes reincidentes en casos de narcotráfico, para lo que ha sido necesario importar cuerda especial para las ejecuciones y buscar verdugos. La pena capital sigue vigente en la isla para delitos como alta traición, asesinato y tráfico de drogas, aunque la última autorización presidencial necesaria para la aplicación de una condena se dio en 1976, por lo que en la práctica se conmuta por cadena perpetua.
La semana pasada, el presidente de Sri Lanka recibió el rechazo a su iniciativa. En una carta abierta, Kumi Naidoo, secretario general de Amnistía Internacional, instó al presidente Sirisena a acatar los compromisos internacionales de Sri Lanka, respetar el derecho a la vida y renunciar a la aplicación de la pena de muerte, que no ha demostrado tener un efecto disuasorio especial sobre la comisión de crímenes. “Una ejecución, señor presidente, no es una demostración de fuerza, sino una admisión de debilidad”, le escribió.
Los crímenes no disminuyen así
estudios criminológicos demuestran que la pena de muerte no tiene un efecto disuasorio especial. Hong kong y singapur, de tamaño similar, tomaron rumbos diferentes. Hong kong abolió la pena de muerte hace más de medio siglo, mientras que en singapur sigue vigente
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