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A tiro de la lapicera del FMI

En la rosca por la plata que pidió Macri, el gobierno pasó de ponderar al FMI a darle pelea.

"Nuestra pelea con el Fondo Monetario, por más que algunos se disgusten, es para decir firmemente que queremos tener derecho a crecer nosotros según nosotros creemos cómo debemos crecer”, dijo ayer el presidente Alberto Fernández.

Tras dos años de negociar con el FMI todos los mensajes iniciales del gobierno cayeron contra la realidad. El organismo no dejó de ser el de siempre, un apéndice del Tesoro estadounidense para obligar a los países en problemas a implementar sus planes, que casi siempre terminaron en desastres para los pueblos que los soportaron.

Falló la hipótesis de Alberto Fernández y Martín Guzmán respecto a la reconversión ideológica del FMI con el desembarco de Kristalina Georgieva, una política de Europa del Este arrimada al discurso del Papa Francisco. Desafiar las matemáticas es condenarse de antemano.

Georgieva operó a favor de Argentina en la renegociación con los prestamistas privados, pero con la plata del FMI no pudo hacer nada. Esa negociación es con el Tesoro de los Estados Unidos, territorio de Janet Yellen, con la alternativa de operar una ayuda de última instancia del presidente Joe Biden.

Dos años después, el FMI impone para arreglar un plan que le quita el manejo de la economía al gobierno de Fernández. Entonces, la decisión de un acuerdo en esas condiciones pone al borde de un ataque de nervios a los guardianes del relato de la década ganada.

Según lo que explicó Guzmán a los gobernadores, además de acelerar la reducción del déficit, el Fondo revisaría varias veces al año la marcha de la economía antes de decidir si sigue financiando la deuda o declara el default. Es decir, el gobierno quedaría a tiro de la lapicera del FMI.

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