Abraham Tohmé: recuerdos inolvidables de los inicios de Canal 7 y una insólita publicidad con pollos vivos

El periodista y locutor trae a la memoria una desopilante anécdota ocurrida durante los primeros años de la TV neuquina.

Por Mario Cippitelli - cippitellim@lmneuquén.com.ar

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La idea de la publicidad no parecía muy brillante en un principio, pero era realmente creativa. Es más, para un canal de televisión de aquella época se trataba de un enorme desafío poner al aire el auspicio de una empresa de alimentos con animales en vivo.

Abraham Tohmé dudó un poco cuando lo vio a Miguel Cadelago con una caja que tenía seis pollitos bebé entrando al estudio principal de Canal 7. Nunca habían realizado una prueba para poner en marcha aquella publicidad, pero Cadelago sonó tan convincente con el plan, que el conductor del noticiero finalmente aceptó.

Tohmé había llegado a la región en 1963 para hacerse cargo de una agencia del diario La Nueva Provincia, en General Roca.

Aunque recién había cumplido 21 años, el joven ya tenía experiencia en los medios de comunicación. En LU2 de Bahía Blanca se había desempeñado como locutor y jefe de programación, tareas que le demandaban mucho sacrificio, pero también le generaban mucho estrés. Fue por ese motivo que habló con las autoridades del diario para pedirle un cambio de aire por un tiempo, aunque ese cambio temporario duraría toda la vida.

En Roca se desempeñó como informativista en LU18, luego siguió su carrera en LU19, donde trabajó en el noticiero y llegó a hacerse cargo de la conducción de esa emisora hasta 1969, cuando se trasladó a la ciudad de Neuquén.

Por aquellos años, tanto el periodismo como la locución eran tareas muy formales y serias, especialmente en la televisión, que recién comenzaba a dar sus primeros pasos.

Canal 7 había comenzado sus transmisiones en 1965 y todos los televidentes de la región estaban expectantes y fascinados cada vez que encendían la tele para enterarse de las noticias o para mirar alguna serie de la época.

Ya no se trataba sólo de transmitir sonidos para despertar la imaginación. Ahora se sumaba la imagen y quienes estaban frente a la pantalla debían mostrar seriedad y confianza a la hora de difundir los mensajes, un trabajo ideal para el joven Abraham, que no dudó un segundo en proponer la creación de un informativo que se emitiera todos los días al mediodía y que tenía un nombre muy ganchero: “Telesíntesis 7”. Él se encargaría de buscar los auspicios necesarios para comprar el espacio. Las autoridades del canal aceptaron. Después de todo, Tohmé contaba con un legajo profesional indiscutible. Era realmente un tipo serio, ideal para conducir un noticiero de televisión.

El día que Cadelago entró al estudio con la caja que tenía los pollitos bebé, los empleados que trabajaban en el canal se quedaron sorprendidos. Algunos lanzaron carcajadas; otros se mostraron intrigados. ¿Qué harían con una caja de pollitos en el estudio? Tohmé sonrió, pero en el fondo estaba preocupado por haber avalado aquella ocurrencia.

Cadelago era un dentista apasionado por el periodismo deportivo que había trabajado con Tohmé en LU19. Cuando se enteró de que su amigo estaba haciendo sus primeras armas en la televisión neuquina, le pidió un lugar para complementar aquellas noticias regionales con novedades deportivas. Cargill, una empresa dedicada a la producción de alimentos balanceados, era una de las anunciantes de aquel microprograma.

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Todo marchaba de manera prolija y ordenada. Tohmé comenzaba su Telesíntesis 7 y a continuación seguía Cadelago con Telesíntesis Deportiva. En el medio, se iban intercalando las publicidades que sostenían el programa.

Todo venía bien, hasta que decidieron hacer la innovación publicitaria que se le había ocurrido a Miguel.

En aquel entonces, los avisos se dibujaban en una placa de cartón que era tomada por una cámara de 16 milímetros. Al lado, el locutor leía el anuncio en off. Todos los auspicios eran más o menos parecidos: imágenes fijas y sonido. Y aunque había variedad de dibujos y diseños, después de cierto tiempo se volvían monótonos y aburridos.

Tal vez fue por esa razón que surgió la idea de hacer algo creativo con Cargill. Podía ser algo novedoso nunca visto, una puesta en escena con animales, en vivo y directo, para vender el producto de forma inteligente e impactante. ¿Sería ese un punto de inflexión que marcaría tendencia en la publicidad de la época?

El plan ideado por Miguel consistió en colocar dos platos sobre una mesa: uno con tierra, que simularía un alimento de baja calidad, y otro con el producto del auspiciante. Frente a cada plato habría dos cartelitos: uno que decía “Alimento común” y el otro, “Cargill”. Cuando comenzara la publicidad el locutor leería el texto del producto, alguien soltaría los pollos para que se fueran corriendo hacia el plato indicado, mientras la cámara filmaba la escena. Al menos esa era la idea que se explicó a los técnicos. Lamentablemente nunca se hizo una prueba para ver cómo saldría.

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El día del debut de la publicidad se cumplió la rutina de siempre: se leyeron las noticias regionales, luego las deportivas, hasta que llegó el turno del corte para dar comienzo a aquel anuncio tan esperado. En el estudio había tanta expectativa como tensión.

El camarógrafo hizo una toma de la mesa donde estaban los platos y comenzó a filmar. Cadelago volcó la caja con los pollitos bebé y Tohmé arrancó con la lectura del mensaje, con esa voz firme y ceremoniosa que tanto lo caracterizaba: “Ellos no saben leer, pero saben lo que es bueno. Alimento balanceado Cargill”.

Pero las cosas no siempre salen como uno las planea. Y aunque esté científicamente comprobado que las aves de corral responden al estímulo del alimento, ese mediodía los pollos salieron corriendo desesperados a escarbar el plato con tierra, mientras la publicidad se difundía en vivo.

Tohmé quedó paralizado. Cadelago metió las manos en la escena tratando inútilmente de correr los pollos para el lado del alimento porque los animales volvían -una y otra vez- al plato con tierra. Los técnicos del canal lloraban de risa. El estudio era un caos.

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Pasaron 50 años de aquel frustrado intento de innovación publicitaria que con el tiempo se convirtió en una de las mejores anécdotas de Canal 7.

“Todo era mucho más formal y serio en aquel entonces. Por eso nos pareció una locura”, asegura hoy Abraham Tohmé, a los 87 años.

En la oficina donde funciona la productora de publicidad que creó hace 50 años, el hombre que trabajó en todos los medios de comunicación pioneros de la región se toma una pequeña licencia para sonreír con los recuerdos más graciosos, pero inmediatamente vuelve a esa sobriedad que forjó a tantos locutores y periodistas de radio y televisión.

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Y entonces se pone serio y mantiene el mismo tono de voz que usaba naturalmente para leer las propagandas de Stamaris y de tantos comercios de Neuquén, o para recitar aquellos hermosos “Poemas en la Noche” en la televisión. Y sigue con los recuerdos y las nostalgias, reflexionando sobre la profesión y de cómo cambiaron los medios.

“Éramos muy formales”, dice, mientras muestra una foto en la que se lo ve joven, leyendo un informativo radial con traje y corbata.

En efecto, Abraham Tohmé siempre fue un tipo serio y formal. Y lo seguirá siendo.

La accidentada propaganda con los pollitos fue apenas un pequeño desliz que desató ese papelón gracioso. Un inocente descuido en medio de tanto profesionalismo y solemnidad que supo abundar en aquellos tiempos remotos cuando la televisión neuquina comenzaba a dar sus primeros pasos.

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