Ahora, grandeza y realismo
Jefe de Redacción
Macri no citó a nadie nunca. No dijo, cuando podría haberlo hecho, "sólo puedo ofrecer sangre, sudor y lágrimas" habida cuenta de la herencia económica que recibe. Se limitó a ofrecer la utopía de un futuro mejor en un país normal, de la mano de un optimismo a toda prueba -algo levemente parecido al voluntarismo-, a la promesa de tolerancia política, a la necesidad de buscar consensos, a la
reconciliación entre los argentinos y a mucha gestión. Un discurso que parecía bastante naíf puesto en boca ya no de un político tradicional -los presidentes argentinos han sido militares o abogados en su mayoría-, sino de un ingeniero y empresario acostumbrado a la dureza de los números pero que, sin embargo, alentaba con el latiguillo de Obama y tono new age el "sí, se puede".
Es probable que sea gracias a esa extraña mirada que haya podido construir el tinglado por el que fue trepando hasta la Casa Rosada.
Esto es lo que la gente que votó a Macri eligió. Aunque nunca fue un eslogan de la campaña, los que votaron por él votaron por un cambio real, por capitalismo y legalidad.
La gente, en definitiva, le dio un voto de confianza al "creído de Barrio Parque" y no al heredero de la clase trabajadora cuyo nada despreciable caudal de votos obligará a Macri, si su prédica es cierta, a un gesto de grandeza y de realismo político.
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